El carisma agustiniano y
la vida religiosa hoy


Las fórmulas propuestas por los especialistas para resumir el carisma agustiniano ("interioridad", "santa comunidad de amor", "vida social", "vida común perfecta", "amistad", "perfecta comunión de bienes", entre otras) reflejan todas ellas un innegable fondo de universalismo evangélico. Y apuntan en una única dirección: un cristianismo radical y apasionantemente vivido, con primordial sentido comunitario, capaz de realizar de modo multiforme el encuentro y el servicio con Dios y el hombre. La notable capacidad del pensamiento de San Agustín para conectar con la sensibilidad del hombre de hoy, se hace patente también en el campo de la vida religiosa. Al religioso de hoy, inquieto sobre su propia identidad e inserción en la Iglesia y en el mundo, ofrece el mensaje teológico agustiniano algunos rasgos básicos realmente orientadores. Rasgos que brevemente, resumiríamos en los siguientes:

1. PREOCUPACIÓN POR EL HOMBRE.

Nuestra cultura es hoy marcadamente antropocéntrica, y al Iglesia no se puede vivir de espaldas a las angustias y esperanzas de los hombres de nuestro tiempo (GS, 1). Ser religioso no significa (no debe significar) aislarse de la humanidad: la espiritualidad de una pretendida "fuga del mundo" no puede servir de disculpa para evadir el compromiso en el mundo, campo de siembra y construcción del Reino. Lo que Agustín decía: "Soy un ser humano, y nada de lo que es verdaderamente humano me es ajeno" (Cart. 78,8) debería ser el lema encarnado hoy por los cristianos comprometidos con la vida religiosa: siempre preocupados por el hombre, sus problemas existenciales, el sentido de su vida y de su amor. El respeto por la persona humana y su dignidad, la sensibilidad ante lo humano, el diálogo con las culturas y los humanismos actuales, la aceptación de los valores humanos y su legítima autonomía, la sintonía con los más profundos anhelos de la humanidad... son otros tantos rasgos que debían caracterizar al religioso de hoy ante ese hombre que muere por falta de pan y también por intentar vivir sólo de pan (Enarra. 33,2,15).

2. UNA BÚSQUEDA INCESANTE.

Una cultura en crisis es, necesariamente, una cultura de la búsqueda. Crisis y búsqueda de sentido, de verdad, de bien, de felicidad, de paz. Desde esta perspectiva, optar por el hombre no equivale de ninguna forma a marginar a Dios. El cristiano y el religioso es un profesional de la búsqueda de sentido humano y, por eso mismo, un testigo de la oferta de plenitud y salvación que viene de Dios. Nunca como poseedor instalado de la verdad, sino siempre como compañero de camino de sus hermanos los hombres en la aventura de descubrir la vida. Buscar para encontrar y encontrar para seguir buscando (La Trin. 15,2,2), buscar continuamente con la esperanza de encontrar (Serm 169, 15,18), caminar por el camino que es Cristo para llegar a la plenitud de la verdad y de la vida (Serm 141,4,4) he ahí las actitudes de ese gran buscador de la verdad y el sentido de la vida que fue -su biografía nos lo confirma- Agustín. Actitudes y testimonio hoy más necesario que nunca, y que formula parte sin duda de la dimensión profética de la vida religiosa.


3. COMUNIDAD Y RELACIONES INTERPERSONALES.

La soledad y la masificación / manipulación son, paradójicamente, dos de las principales amenazas para la humanidad. ¿Cómo vivir con plenitud en una sociedad así, que unas veces nos abandona y otras nos manipula? ¿Qué respuestas ofrece el Cristianismo a este reto? No hay ninguna manera más plena y auténtica de ser hombre y Cristiano -responde Agustín con su experiencia y con su palabra- que vivir en comunidad. Necesitamos de los demás para ser nosotros mismos (Enarra 125,13), porque es un destierro la vida sin amigos (Sobre la fe 1, 2). Y el religioso ha optado por un modo de vida capaz de encarnar este ideal: vivir en fraternidad, crear comunidad, ser modelo de una Iglesia - comunidad de comunidades- y de un nuevo tipo de relaciones interpersonales fundadas en el compartir, el servir, el amar, frente a los ídolos del tener, poder y gozar desde el egoísmo.

4. EQUILIBRIO ENTRE LA ACCIÓN Y LA CONTEMPLACIÓN.

Un dilema importante simbolizado en la tensión dialéctica entre el "filósofo" y el "revolucionario", entre el "orar" y el "hacer". ¿Quién, en el acelerado mundo actual, no se ha sentido perplejo ante la alternativa? Siempre desde su experiencia reflexionaba, y la palabra de Agustín es luminosa como pocas en este aspecto: "Nadie debe estar tan embebido en las cosas de Dios que se olvide de los hombres, sus hermanos. Ni tan inmerso en las cosas de los hombres que se olvide de las cosas de Dios. El amor de la verdad requiere un ocio santo. La necesidad del amor, exige un negocio / trabajo justo" (La ciudad de Dios 19, 19). Orar y trabajar son dos formas inseparables de amar. Y el religioso- también hoy más que nunca- está llamado a testimoniar la posibilidad real de esta síntesis armonizada y equilibrada, frente a un mundo- incluso y especialmente frente a un "mundo cristiano"- que pretende refugiarse en Dios y la oración para desentenderse de los problemas humanos o que multiplica el trabajo / actividad pero se olvida de Dios y del mismo hombre.

5. SENTIDO ECLESIAL:

La Iglesia -autoproclamada luz de las gentes y sacramento universal de salvación- es hoy considerada piedra de tropiezos en el camino hacia Dios. Vive un doloroso camino de renovación y un intenso esfuerzo de evangelización. Ser religioso es para San Agustín vivir como "cristiano perfecto en la Iglesia" (Contra la carta de Petiliano, 2, 104). La Iglesia, imagen en la tierra de la Ciudad de Dios celestial, es el modelo del nuevo mundo renovado en Cristo. Y la comunidad religiosa quiere ser una pequeña y ejemplar Iglesia, capaz de transmitir la fuerza del Evangelio hecha vida en un contexto concreto. Ser auténticamente Iglesia es el primer servicio del religioso al mundo de hoy: un servicio realizado después en la multiforme pluralidad de la contemplación y la acción, como "avanzadilla" de la presencia maternal de la misma Iglesia en el mundo. La eclesialidad es nota fundamental y normativa de la vida religiosa, fruto carismático de la Espiritualidad eclesial y es también un punto importante hoy a la hora de revisar el presente y el futuro de las instituciones religiosas, a veces tentadas de centrarse más en intereses particulares que en las "necesidades de la Madre Iglesia" (Carta 48,2-3).

6. INTERIORIDAD Y EVANGELIZACIÓN

"No andes por fuera, entra dentro de ti mismo: en hombre interior se encuentra la verdad". (La verd. Relig.39,72)."Si no reporto la Palabra de Dios, si me guardo el tesoro, me aterroriza el Evangelio" (Serm. 329,4) Otro de los grandes temas agustinianos: la interioridad, la reflexión, el silencio, para recibir el alimento de la Palabra y poder después ofrecerlo al pueblo (Serm. 309,3), uniendo el afán evangelizador a la propia espiritualidad. Todo un programa -y quizás un nuevo reto- para el hombre, el cristiano y el religioso de hoy, en un mundo cansado de "vendedores de palabras" y necesitados de testigos auténticos de la profundidad de Dios. Ser hombre de Dios para los hombres es la difícil y apasionante tarea del religioso, en una Iglesia que quiere ser evangelizada y evangelizadora. Son secundarios las formas, es imprescindible el talante: y en ambas dimensiones debe aportar su riqueza la vida religiosa a cada una de la iglesias locales en que se inserta.

7. CRISTO Y LOS POBRES:

La realidad de una situación de injusta pobreza y marginación es uno de los problemas más candentes de la actualidad mundial que impulsa la Iglesia -desde los pueblos del tercer mundo, pero sin limitarse a este ámbito geográfico- a una opción preferencial, comprometida y evangélica, por los pobres. Es imposible pensar actualmente en la pobreza religiosa al margen del grito de los pobres: no basta la autoridad ni la simple dependencia jurídica en el uso de los bienes materiales, el sometimiento a la ley común del trabajo, la solidaridad real con los pobres y la lucha activa por la justicia, son hoy elementos integrantes del "voto de pobreza" . San Agustín con su acostumbrada clarividencia y profundidad, nos dará cabalmente la razón teológica de tal afirmación: Cristo se hizo pobre y está en la tierra presente en los pobres, los miembros más débiles y necesitados de su cuerpo. Son como "los píes del Señor" (Trat. Sobre la carta de Jn 10,8), y nadie puede decir que sirve a su cuerpo, la Iglesia, si no sirve e incluso menosprecia y pisotea sus pies. Tan propio del religioso como la oración o la vida común es -y para eso vive austeramente- compartir solidariamente con los pobres (Carta 48,3).

8. SENTIDO LIBERADOR Y PROFÉTICO DE LOS VOTOS.

Con frecuencia surgen en nuestros días el interrogante sobre el valor real y la significación para el hombre de hoy de los consejos evangélicos vividos como votos según la tradición eclesial. ¿Dicen algo en verdad, son significativos- y significativos de la plenitud del Reino- en el contexto de un mundo como el nuestro? La pregunta es grave, y la respuesta debe ser por ello precisa: Si. Con tal de que se asuma con verdadero espíritu evangélico. Es decir, con tal de que sean vividos libres y gozosamente, no como simple renuncia / ascetismo sino como denuncia de una sociedad esclavizada por los ídolos (tener, poder, gozar) y liberación de los mismos, ofreciendo la posibilidad encarnada de una nueva y más plena forma de vivir, en la línea de las Bienaventuranzas. Porque a la luz del Reino y del seguimiento del Jesús histórico, el hombre comprende -en palabras de Agustín- que "es mejor necesitar poco que tener mucho" (Regla c. III) considerando a Dios como el único tesoro (Serm. 355,1,2), que la castidad es una forma plena de amar (Serm. 116,11), que la obediencia es disponibilidad plena.