CONCLUSIÓN


Llamada por Dios a una providencial misión en la Iglesia de Cristo, Laura Alvarado Cardozo - Madre María de San José - es esa muchacha sencilla del pueblo de Aragua que, con sus defectos naturales y dotada de particulares dones humano - divinos, desde su infancia supo ir correspondiendo a la acción de la gracia sobrenatural, buscando cada vez mejor el rostro de Dios, quien a su vez, iba tomando posesión de su alma y de su vida hasta inspirarle en su adolescencia, el desposorio místico con Cristo Eucaristía. Esta alianza determinará el rumbo de su existencia y de su espiritualidad, otorgándole el carácter de carisma peculiar.

Ella es llamada en su juventud, "La Niña del Cristo"; más tarde, será según su propia expresión y convicción, "la esposa del Crucificado", Jesús, el mismo que por obediencia al Padre se encarnó en las purísimas entrañas de María Santísima, y que en un marco sacrificial por infinito amor a los hombres, se hizo alimento en la divina eucaristía y entregó su Espíritu desde la cruz. "Si alguno tiene sed, que venga a mí, clamó Jesús un día, y el que crea, beba, y de sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn 7, 37 - 38). Fue precisamente lo que la Madre María realizó en su vida: Bebió sin cesar del costado abierto de Jesús crucificado, y alimentándose de él en la eucaristía, se asoció a su estado de víctima inocente ofrecida al Padre por la redención del mundo.

Su espiritualidad, pues, se patentiza eminentemente cristológica - eucarística. Se arraiga en el sacramento del bautismo, con profunda humildad de criatura que se experimenta "mínima" ante la abrumadora santidad del Altísimo. Se expresa en un ardiente amor a Jesús Eucaristía, que la induce a la práctica de la más sublime caridad. Identificada con él, desde la cruz de cada día, extendió sus brazos en actitud de amor fraterno, repartiéndose a todos como comunión de bondad y servicio, consagrándose particularmente a los más pobres en obras de beneficencia y de misericordia, personalmente y a través de su Congregación, nacida para este fin.

Junto al amor a la eucaristía, profesó tierna devoción a la Santísima Virgen María y profundo y filial amor a la Iglesia.

El hilo conductor de toda su trayectoria espiritual se identifica con el fiel cumplimiento de la voluntad del Padre Dios, animada siempre con una gozosa esperanza del cielo, y su constante, férrea, determinación de alcanzar la santidad.