Exhortaciones:


Las presentes exhortaciones fueros escritas para sus hijas espirituales, para las Hermanas; sin embargo, por su exactitud y vigencia y por el espíritu que destilan, pueden ser de utilidad para cualquier cristiano en su vida de fe.



* Podemos servir al Señor con alegría; no quiero verlas tristes.

* No olvidéis que debéis aspirar cada día más y más a la perfección.

* Que cada una trabaje mucho por llegar a la cima de la perfección; que sepamos corresponder generosamente a tantos beneficios.

* Hay que corregirse y trabajar en la santificación y adelanto espiritual.. Manos a la obra y ¡adelante!

* No hay que desanimarse: adelante y aprenderá con los golpes, la gran virtud de la santidad... No está la perfección en saber mucho, sino en saber dominarnos.

* Sirva a Dios con amor y gran fidelidad y tendrá seguro el cielo... El tiempo vale lo que la sangre preciosa de Jesucristo nuestro Señor. Así que, aproveche el tiempo.

* El tiempo se nos ha dado para trabajar, la eternidad, el cielo para descansar.

* Sepamos corresponder a tan insigne favor siendo humildes, caritativas, observantes de nuestras santas reglas y constituciones sirviendo fiel y generosamente a nuestro buen Dios.

* Preguntan cómo le ha ido. Cuando se trabaja por Dios y por la salvación de las almas, va bien dondequiera. El todo es estar unidas en la verdadera caridad.

* Salís a cumplir vuestra misión, vais adonde os lleva el esposo de vuestras almas, y debéis ir muy contentas porque vais cumpliendo su adorable voluntad.

* Como en todo debemos ver la soberana voluntad de quien todo lo puede, no debemos vacilar ni un solo instante en cumplirla con alegría.

* Obedeced, callad y haced en todo la voluntad de ese Dios a quien amamos en la divina Eucaristía.

* Cante y piense en el cielo que nos espera...Así es que, a animarse para saber amar a Dios con todo nuestro corazón y nuestra alma.

* A las novicias: Atesorad mucho, muchísimo, para vuestra vida religiosa, para ese porvenir que os aguarda, para ese cielo que os espera si perseveráis hasta la muerte. Trabajad sin descanso en esta vida de luchas: el cielo, la posesión de Dios os espera.

* Desearía verlas a todas muy santas y perseverar hasta el fin.

* ¡Adelante y siempre adelante, amadas hijas! No olviden que esta tierra es para trabajar y el cielo para descansar y gozar eternamente; que las cosas por grandes que sean, son nada en comparación de la eternidad feliz que nos espera; que el mundo, aunque mucho ofrezca, nada puede dar.

* Al solo pensamiento de aquella patria celestial debiera parecernos nada las cruces, las tribulaciones, en fin, cuanto tengamos que sufrir en este destierro, ya nos vengan por manos de las criaturas, ya directamente de Dios, pues que todas vienen de lo alto.

Este aspecto tan importante y acentuado, fue captado así por uno de los teólogos censores de Roma:

"Su esperanza teologal no se manifiesta sólo en los ardientes deseos de poseer al Señor [en el cielo], sino que viene acrecentada por las mismas dificultades, por las pruebas interiores que no le faltan, y por todo aquello que ella considera faltas o imperfecciones".

A un joven sacerdote muy querido para ella y ausente de la patria, le escribe: "Nada te parezca duro en esa hermosa vida, nada te amedrente; que tu amor a la Inmaculada Madre y al Dios de la Eucaristía llene todo tu corazón. La tierra para trabajar hasta morir; el cielo para gozar por toda la eternidad. ¡Qué esperanza tan encantadora! ¡Cómo se siente uno fortalecida con el pensamiento en el cielo! ¡Adelante... y siempre adelante"!

Claramente puede observarse que la esperanza del cielo constituyó para nuestra Madre María - contemplativa y activa - un fuerte acicate, una espoleante motivación en todas las manifestaciones de su vida. Como lo revela en carta al padre Ángel Latorre, agustino recoleto, fue "su secreto".

Dice así: "La Madre María tiene un secreto para poder sobrellevar todo lo que se le presenta y que Dios le envía, y es pensar que el cielo se acerca, que todo tiene su término en esta vida de penas e ingratitudes. ¿No le parece al Padre Ángel muy consolador?".

En 1926 escribe: "¡Qué rareza! Ya me ha pasado tres veces: en un instante, como dos segundos, me imagino que estoy en posesión del cielo. Yo experimento un gozo y rareza celestial (...); es grande, pero muy corto".