1. Sus escritos


Si preguntamos a la Madre María de San José acerca de la grandeza de la eucaristía, nos responde:

"...aunque quisiera, nada sé decir de mi adorable Jesús; sólo sé sentir...Cuando uno medita un rato sobre la adorable eucaristía, se queda el alma adormecida, gustando y abismándose en ese adorable sacramento. En verdad, no sé qué decir de este mí Jesús... ¡Quién me diera pasar mi vida adorándolo noche y día". (E.1922).

Reflexiona con admiración: "¡La Eucaristía! David la llama el compendio de las maravillas de Dios; santo Tomás, el mayor de los milagros, nuestro Padre San Agustín, el término de la omnipotencia de Dios, y éste habló más alto que todos. ¿Qué diré yo, amante esposo? Digo con San Agustín: La omnipotencia de Dios no puede hacer mayor milagro: en la adorable eucaristía está la omnipotencia divina" (sin fecha).

Para formarse una idea de lo que significó la eucaristía en la existencia de nuestra Madre María, baste recordar que durante diez años consecutivos, desde los 24 hasta los 34 años de edad, fue la comunión su único alimento, el único [inedia o ayuno absoluto]

Sus escritos están impregnados de esta unción eucarística. Selecciono algunos párrafos:

* Sólo donde está el Santísimo Sacramento, está la verdadera felicidad. ¿Podrá hallar el alma consuelo, sin tener la dulce unión, esa unión íntima con la adorable eucaristía? Podrá permanecer sin derramar abundantes lágrimas por la ausencia de aquél que es todo nuestro consuelo, que es todo nuestro amor, que es todo nuestro alimento? No, mil veces, no. Sólo tú puedes satisfacer el hambre que me devora, la sed que me abraza... Sí, amado esposo, adorable Hostia, Misterio augusto, prisionero del amor, sólo tú (1906).

* Sí, Hostia divina: rompe, rasga mi corazón y hazme tuya, toda tuya, y tu sangre divina se derrame sobre mi pobre alma, purifícala, que nada quede en mí que no sea tuyo sólo (1919).

* ¡Cómo quisiera no tener más ocupación que adorarlo día y noche en el augusto sacramento! (sin fecha).

* Al estrecharte en mi miserable corazón durante la sagrada comunión, me ha parecido oírte muy claro: Hija mía, yo soy el pequeño de Belén, el adolescente de Nazaret, el querido de Betania, el Amor de Cenáculo, el triste de Getsemaní, la victima del calvario, la resurrección misma, soy tu Dios. ¡Oh, Jesús mío, cuán encantador eres! (1943)

* Hostia adorable de mi Primera Comunión, Hostia santa de toda mi vida, sé siempre mi fortaleza, mi esperanza y mi todo hasta la muerte, hasta el cielo, que espero por tu misericordia. (1954)

* Yo quiero ser Señor, el alma arrepentida,
que al pie de tu sagrario rinda por ti la vida.
yo quiero ser el alma que muera por tu amor,
yo quiero ser el velo que cubre tu copón,
y quiero ser la esclava que implora tu perdón (sin fecha)

Algunas de sus experiencias eucarísticas, las anota así:

"¡Qué prodigio he podido ver hoy por vez primera: Siempre que recibo a mi dulce Jesús, lo contemplo como en el pesebre de Belén, en brazos de su Inmaculado Madre. ¡Me gusta tanto recibirlo así pequeñito!. Pero hoy 19 de Diciembre de 1922, ha pasado por mí una cosa sobrenatural.

¿Lo podré decir, Jesús mío? Lo escribo sólo:

"He podido contemplar a mi Hostia divina después de la comunión, como en un ostensorio sobre mi corazón; si no es ilusión, más de un cuarto de hora lo he visto con los ojos de la fe, y casi podría asegurar que también con los del cuerpo. Lo que me sucedió, no puedo, Jesús mío, explicarlo. Hace ya un mes de esta inmensa gracia y no se aparta aquel día de mi memoria".

"Qué de encantos, Jesús mío, he sentido hoy 6 de Junio (1923) al recibirte, qué paz y qué dulzura has dejado sentir a mi alma en la sagrada comunión! Al recibirte, me pareció verte, amado de mi alma como un niño que llegando a l regazo maternal se abraza a su madre y duerme tranquilo. Como siempre pido a mi querida Madre que sea ella quien prepare mi alma para recibirte, y conociendo en verdad lo miserable de mi corazón, se esté conmigo hasta que las especies sacramentales se consuman. Por eso, hoy te vi llegar a los brazos amorosos de tu Madre y dormirte tranquilo, y ¡qué paz tan grande dio esto a mi alma! Bendito seas, mi Jesús, bendito seas!".