VI. LA EUCARISTÍA, CARISMA DISTINTIVO


En el capítulo anterior, al tratar sobre la frase síntesis de su espiritualidad, "calvario y altar, cruz y eucaristía", me detuve en la faceta "cruz", El presente capítulo está dedicado a la eucaristía como su carisma distintivo.

"Si conocieras el don de Dios y quién es el te dice "dame de beber" tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva...El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua hasta la vida eterna". El texto que presento corresponde al icono de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, en Sicar (Cf Juan 4, 5 y siguientes). El encuentro "junto a un pozo" es tema de la literatura patriarcal. En el A.T. las corrientes de agua son símbolo de la vida que Dios da (era mesiánica). En este momento identifico a la samaritana como la humanidad sedienta junto al brocal del pozo donde Cristo, fuente de aguas vivas, le ofrece la salvación, no sólo como agua, sino como el "don de Dios" por excelencia, el don de la vida eterna.

En la eucaristía, Cristo se hace "comida y bebida de salvación". La institución de la eucaristía se inserta en el marco de una comida, de la cena pascual. Cristo es el cordero pascual de la nueva Alianza, sacrificado, inmolado. (I Cor 5,7). En la última cena, los dones que Cristo presenta no son meros símbolos; es la entrega de su propia persona como don de salud: "Tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Éste es mi cuerpo que va a ser entregado por ustedes... De igual modo, después de cenar tomó el cáliz diciendo: Éste cáliz es la nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por ustedes... Hagan esto en memoria mía". "(Lucas 22, 19 - 20) (*)

La presencia eucarística de Cristo bajo las especies de pan y de vino, es un misterio polifacético: es sacrificio, cena, alianza, memorial, vínculo de unidad, pan de vida eterna, anticipo del cielo, cuya celebración y recepción exige de los cristianos las mejores disposiciones. A este propósito es interesante la doctrina de san Pablo en su Primera Carta a los corintios cuando expone: "Porque yo recibí del Señor lo que os he trasmitido... Pues cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor... Examínese cada cual... Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y débiles..."(11, 23-30)