IV.- PRINCIPALES MODOS CARACTERÍSTICOS DE SU ORACIÓN


En la Biblia, libro divino - humano, la oración o trato con Dios, ocupa un lugar importantísimo. Y en el Nuevo Testamento, en el Evangelio, la doctrina de Jesús sobre este tema es sustancial, reiterativa y profunda, con aplicaciones y efectos muy concretos.

Para nuestro Padre San Agustín, la oración es "la conversión de la mente a Dios con piadoso y humilde afecto" (Lib. De spiritu et anima: ML 39, 1887).

Los Santos Padres de la Iglesia y los grandes maestros de la vida espiritual, coinciden en proclamar la eficacia extraordinariamente santificadora de la oración. Sin la oración, sin mucha oración, es imposible alcanzar la santidad, ya que ella constituye el camino más corto y expedito para la unión con Dios.

"La oración es una - afirma el Cardenal Pironio- en su celebración litúrgica y en su expresión personal; en la meditación, en la contemplación, en la oración vocal; en la oración comunitaria, en la oración silenciosa, en la oración compartida... Es siempre el modo concreto de entrar profunda y gustosamente en Dios: de estar con él, de escucharlo, experimentar su comunicación y ofrecernos" (ob cit 1981, p. 251).

De esos "modos concretos" de oración característicos de nuestra Madre María de san José, cabe señalar los más resaltantes:

La celebración litúrgica fue para ella especial alimento espiritual con profundo sentido de comunión eclesial. Durante los tiempos litúrgicos del año, Adviento y Navidad; Cuaresma, Pascua y Pentecostés, su espíritu se sumergía en cada misterio celebrado, y con su actitud creaba un clima especial a su alrededor; sabía transmitir sus exigencias de vida nueva en Cristo, de conversión.

En cuanto a su oración personal, tan rica y enriquecedora, puede sintetizarse en cuatro facetas:

1. Presencia de Dios.

2. Oración de súplica e intercesión.

3. Adoración.

4. Contemplación.