II.- FUNDADORA BAJO EL IMPULSO DEL ESPIRITU


Es el Espíritu Santo quien ilumina, llama y conduce al fundador a la creación de una nueva familia religiosa en la Iglesia con un carisma o don divino a desarrollar mediante un proyecto común destinado a perpetuarse.

Tal inspiración puede darse en forma directa e inmediata y también de modo indirecto y mediato, suscitado por una situación, o a través de terceras personas según casos concretos conocidos en la historia de la Iglesia. Este último parece el más aplicable a nuestra Madre María de San José, quien como se indicó al comienzo, el ser fundadora de una congregación, ni siquiera remotamente existía en sus planes, ya que su más vehemente aspiración se orientaba hacia la vida conventual en absoluto retiro y oración. El instrumento humano providencial de quien Dios se valió para guiarla a esta misión fue el Padre Justo Vicente López Aveledo, párroco de Maracay y fundador del Hospital San José, donde un selecto grupo de voluntarias prestaba sus servicios, entre ellas Laura, a quienes propone la creación de la Congregación al servicio de los más necesitados. Luego de intensa oración y discernimiento, Laura en unión con sus compañeras acepta, coherente con aquella íntima convicción espiritual de fe, marcada en una dimensión de totalidad:

"Hacer la voluntad de Dios es hacerla en TODO"

"En TODO debemos ver la soberana voluntad de Dios"

"Adoro tus designios y me someto a tu adorable voluntad"

"No debemos vacilar ni un solo instante en cumplir con alegría la voluntad de Dios"

Es traducir y actualizar nuevamente el "Heme aquí, Señor", que habrá de renovar al ser designada superiora por Monseñor Juan Bautista Castro, Vicario Provisor del arzobispado de Caracas. Desde ese momento inolvidable "en el que quería desaparecer", Laura se convierte en la Madre María de San José, responsabilidad que llevará sobre sus hombros hasta avanzada edad en la íntima y dolorosa experiencia de ser la menos apta para ello.

Su profunda humildad no le permitirá considerarse "fundadora", título que declina en el Padre López Aveledo, a quien las Hermanas llaman "nuestro Padre". María de San José asume el concepto de "Madre": lo siente, lo vive y lo irradia. El Espíritu la ha ido moldeando y purificando progresivamente, hasta lograr de ella y en ella este SI maternal para fecundidad de la Iglesia.

Por su parte, la Madre en medio de situaciones históricas y ambientales ligadas a su experiencia, irá traduciendo hasta en los pequeños detalles cotidianos la inspiración originaria como sello característico de la nueva familia que le ha tocado engendrar en fe, sin previa experiencia y por obediencia al Espíritu, y cuyo solo objetivo es hacer de ella una gran comunidad bajo la impronta agustiniana en la constante búsqueda de la santificación propia y de los hermanos, mediante el ejercicio de la caridad.

Dado que, por divinos designios, la extensa trayectoria de la Madre María se identifica casi en su totalidad con su rol de fundadora hasta los 85 años de edad, queda por demás demostrado que sólo con una asistencia del Espíritu Santo - y muy especial - era posible guiar con prudencia y fortaleza sobrenatural una Congregación religiosa durante tantos años y en tan difíciles circunstancias históricas y sociales.

Los dones del Espíritu Santo

Si la virtud "es una disposición habitual y firme para ejecutar el bien" los dones del Espíritu Santo "completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben". Ellos permiten a los fieles obedecer con docilidad y prontitud a las inspiraciones divinas mediante una especie de instinto o connaturalidad propia de la acción del Espíritu. Los dones varían según las necesidades del alma y su misión en la Iglesia. En el caso de la Madre María de San José en su condición de fundadora religiosa, resaltan de modo especial los dones de consejo y fortaleza.