INTRODUCCIÓN


La Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, es rica en santidad por el mismo Señor, "de cuya plenitud todos recibimos" (Jn 1,16), en virtud de la fuerza fecundizante del Espíritu.

Dios, infinitamente santo, quiere que seamos santos en su Hijo Jesús, el Predilecto. En la unión con él, en la configuración personal con Cristo, está la santidad cristiana, común a todos los fieles, cuyas fuentes son la Trinidad Santísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Iglesia, la Virgen María, la liturgia o culto; y sus medios son la oración, la liturgia, la abnegación y el ejercicio de las virtudes bajo el imperio de la caridad.

La extensa gama de formas de vivir el Evangelio y configurarse con Cristo origina las diversas modalidades de santidad, y por consiguiente de espiritualidades, según se viva de modo eminente una faceta de la vida de Cristo.

Se distinguen espiritualidades de:

a. Época: primitiva, patrística, medieval.

b. Estados de vida: contemplativa, misionera, asistencial.

c. Escuela: benedictina, agustiniana, franciscana.

En el origen de los diversos institutos religiosos juega un papel muy importante, decisivo e insustituible, la experiencia religiosa del fundador o fundadora, quien ha sido impulsado por la acción del Espíritu a vivir todo el Evangelio desde la perspectiva unitaria del propio don o carisma, es decir, de una manera original.

Se trata de un camino muy concreto y propio por el cual ir hacia a Dios con mayor facilidad, seguridad y rapidez, que propicia al mismo tiempo, la compañía de otros hermanos llamados por Dios a santificarse en este espíritu o camino.

El carisma - espíritu, se traduce en "espiritualidad" propiamente tal, cuando desemboca en una teología meditada y vivida hasta el punto de crear un ESTILO de vida.

La espiritualidad supone la presencia dominante de algunos temas doctrinales (verdades dogmáticas) que se convierten en goznes de toda la vida, así como un conjunto de rasgos y virtudes que se consideran más propios y característicos, y también más eficaces para su realización. Es un modo de ser y de actuar, un estilo particular de santificación.

En este sentido, la "espiritualidad" viene a representar el modo humano con el que el impulso original se encarna, se interpreta y se desarrolla en el tiempo y en un contexto determinado de cultura.

Si bien es cierto que el carisma determina la "índole particular" del instituto, su identidad y su misión, no debe identificarse en ningún momento, con las "obras" o actividades.

El "patrimonio espiritual" de toda familia religiosa en la Iglesia, está integrado por el carisma fundacional o espíritu del fundador, la formación espiritual de los primeros discípulos, la Tradición y las sanas tradiciones del instituto, lo cual en propiedad no se trata de aspectos distintos sino complementarios de la misma y única realidad fundamental.

Es un deber y un derecho de todo religioso conocer el patrimonio espiritual de su familia religiosa; de conservarlo y enriquecerlo en la medida de sus posibilidades, y en actitud de fidelidad al Espíritu Santo y a la Iglesia.

Es por ello que el presente ensayo intenta iluminar el carisma y la espiritualidad de nuestra fundadora, Madre María de San José, lo cual equivale a descubrir los resortes y principios que motivaron e inspiraron su santidad propuesta hoy por la Iglesia para la imitación de los fieles.