Correspondencia epistolar
de la Madre María de San José





CARTA A LA HERMANA ÁGUEDA LOURDES


Maracay: 29. 12. 1956

Amada hija en Jesús Niño:
    ¿Cómo están? Aquí, como Dios Niño nos ha querido tratar. Hace días estoy por escribirle, pero la Señora tensión me ha tenido embromada; a Dios gracias me dejó gozar de todo el Congreso: para un buen gusto, un buen susto, verdad?
    He recibido de la Curia una carta donde me dice que la Maestra de Novicias ha de ser normalista y con nociones de... se me olvidó. Bueno. Hace seis meses la Hna. Coromoto y yo tratábamos de este asunto y la candidata es Ud. A todas les parece bien, y ahora que me llega esta nueva disposición de la Curia, se ha resuelto esto; así es que no hay que chistar: es la voluntad de Dios y el bien de nuestra Congregación. Léale esta a Sor M. Filomena pues no puedo escribir más. La Hermana San Miguel va para después de año nuevo; ya Nuestro Señor arreglará allá...
    Ruegue por mí; que el Divino Enmanuel como me ha mandado tribulaciones grandes, también me ha mandado la inmensamente grande de adquirir nuestra casa de Fátima y se está arreglando para el noviciado. Aleluya!!!
    Las bendice y desea un feliz año.
Madre María

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CARTA A LA SEÑORITA OLIVA PERALTA.
(Actualmente religiosa de la Congregación)


J.M.J. Laus Deo

Maracay: 28. 8. 1958
Señorita
Oliva peralta Sayago.
Colón.

    Respetada en Cristo S. N.: La saludo cariñosamente y acuso recibo de su apreciada cartica.
    Me manifiesta su deseo de ser admitida en nuestra humilde Congregación. Esa es muy pobre; sólo cuenta con la divina providencia. Si Ud. se conforma con esta pobreza, las puertas están abiertas. Teniendo verdadera vocación todo se hace fácil; el espíritu de sacrificio y obediencia pronta es todo lo necesario para esta santa vida. Carácter fuerte o suave, eso lo tenemos todas; y el trabajo para dominar el mal caracter es trabajo de nosotras mismas, o sea, trabajo personal; que, venciéndonos, alcanzamos el triunfo. ¿No lo cree Ud?
    Así pues con mucho gusto la admito. Le adjunto el Prospecto. Si puede llenarlo, lo hace; y si no puede, trae lo que buenamente tenga; si nada, nada trae. Que Ntro. Señor y su Inmaculada Madre la traigan pronto.
    Fraternalmente.
Madre María de San José
Agustina Recoleta

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CARTA A MONS. CARLOS PIETROPAOLI, DELEGADO APOSTÓLICO (I)


Maracay: 9 de noviembre de 1914

Excelentísimo monseñor Carlos Pietropaoli,
delegado apostólico de la Santa Sede. Caracas.


    Excelentísimo monseñor: Respetuosamente pido su santa bendición como para toda nuestra incipiente congregación.
    Me permito dirigirme a su excelencia para participarle que el venerable señor cura de Santa Lucía ha pedido cuatro hermanas para encargarse del hospital de dicho pueblo. Con tal motivo nos trasladaremos dentro de poco para dejar instaladas las cuatro que han de atender el hospital.
    Como tal vez a la ida no tendremos tiempo de visitar a su excelencia y pedir su bendición para esta nueva casa y el personal de ella, suplícole se digne dárnosla anticipadamente a fin de que nuestro Señor bendiga nuestra obra, siendo para gloria de Dios, bien de las almas y santificación nuestra. Las Hermanas y los huérfanos en unión con esta última sierva de Dios piden su santa bendición.
    Dios guarde a su Excelencia.
Madre María de san José

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CARTA A LA HERMANA MARÍA LUISA (I)
(FRAGMENTO)

Alabados sean los nombres de Jesús y María.
Caracas, 3 - 16 - 1946
Amada hija en Jesús:

Ayer recibí su cartica con fecha del catorce. Qué alegría en medio de las penas, pues tan pronto como llegan aquí. Dios le pague! Su cartica está bastante consoladora, pues está unida a mis grandes penas. En verdad que sólo Dios que las envía, sabe dulcificarlas. la muerte tan pronto de mi amada y ejemplar hija, me ha llenado de inmensa pena lo pronto, lo inesperado; pero al mismo tiempo me llena de gran consuelo: no dejó un recuerdo desagradable; para todos y todas su amabilidad, su dulzura, su buen modo, su gran caridad! Qué hermoso es esto, verdad? Y los del mundo que la conocieron, todos la han sentido y no se oye sino. "Cuán buena fue" Gracias a Dios! pues en medio de otras terribles penas que llenan mi alma de una amargura amarguísima, me da esto un gran consuelo...


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CARTA A LA HERMANA MARÍA LUISA (II)


Maracay: 22. 7. 1940

Rvda. Hermana
María Luisa de San José.
Coro.


Amada hija en Jesús: ¿Cómo están? Recibí su carta. ¡Bendito sea Dios! La H. casta no se ha equivocado con ella. ¡Qué desgracia tan grande! ¡Cuánto tenemos que agradecer a Dios por habernos librado de tantas cosas malas! Vamos a ver si hoy le escribo a ella la contestación a su carta.
Hoy están las niñitas en examen. Veremos cómo salen. Dios quiera que bien. Puede escribirle a Josefina cada dos meses... Las HH. al ver el retrato que mandó dijeron: A la Hermana María Luisa nunca le falta una muchacha. ¿No ve Ud. las tiene delante de Ud.? Yo les digo: "genio y figura hasta la sepultura"
Bueno, pues, haga la caridad de ir a mandar a casa de Sor Dolores, pero por radio oí estaba enferma. Me le da un saludo.
Para las hermanas, mis abrazos y bendiciones. Saludos a los suyos.
Las abraza y bendice.
Madre María de San José

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CARTA AL DELEGADO APOSTÓLICO (II)

Alabados sean los nombres de Jesús y María.

Maracay, 3 de noviembre de 1915

Excelentísimo señor delegado apostólico.
Caracas

Muy ilustrísimo señor delegado:
Respetuosamente beso el santo anillo y me permito presentarme ante su excelencia para suplicarle una gracia mañana día de su onomástico. Deseo que su excelencia nos arregle el asunto de nuestra pobre congregación y que el señor vicario capitular nos ayude mucho. Su excelencia todo lo puede, pues es el papa aquí en Venezuela. ¡Qué consuelo tan grande experimenta el alma cuando se acuerda que ahí mismo está el representante de la Santa Sede! Yo no me explico por qué un padre dice que no tenemos ningún mérito, aunque hagamos muchos sacrificios, porque no está aprobada nuestra congregación. Dios nuestro Señor ha prometido no dejar sin recompensa un vaso de agua dado en su nombre, ¿cómo va a ver con indiferencia nuestros servicios? En fin, no servimos a Dios ni por temor al infierno ni por la esperanza del cielo, sino sólo porque queremos consagrarnos a su servicio. Él hará lo demás.
Nosotras vestimos el hábito con permiso y me permito adjuntarle dicho permiso, para que su excelencia esté en cuenta, suplicando por caridad, si lo cree bien, devolvérmelo. Y, en fin, excelentísimo señor delegado, si nuestra pobre congregación no puede ser aprobada, ni aún diocesana, seguiremos trabajando en el servicio de Dios toda nuestra vida.
Dígnese darnos su santa bendición. Obediente hija
Madre María de San José, religiosa agustina

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CARTA AL DELEGADO APOSTÓLICO (III)

Alabados sean los nombres de Jesús y María.

Calabozo, enero 22 de 1917

Excelentísimo señor delegado apostólico.
Caracas

Excelentísimo monseñor:
Respetuosamente le saludo a vuestra excelencia y pido su santa bendición para esta huérfana corporación. Recibí vuestra tarjeta. ¿Cómo su excelencia pide excusa a esta última servidora de Dios? ¡Bendito sea el Señor! Mucho sentí no poder ver a su excelencia a su paso por Valencia y quedé con la esperanza de verlo a su regreso, pero Dios no lo quiso. Cúmplase su voluntad.
Su excelencia me pregunta qué deseo. ¡Ah, Excelentísimo señor, bien sabéis vos lo que deseo y lo que necesitamos! ¿Cómo quedamos? No lo sé; lo que sí sé es que nuestro principio fue sano, que el origen de nuestra institución fue recta, y esto me consuela a pesar de todo. 17 años tenía yo cuando dejé a mis padres y me fui al hospital a consagrarme a Dios en el servicio de los pobres, sin más aspiración que servirle, y, cuando hace ahora 16 años se me unieron las otras, no era otro nuestro deseo sino servir a Dios. El Señor nos deja hoy sin el superior, sin su apoyo moral, que era todo lo que teníamos de él, y era mucho. El que lo ha dispuesto así, será para mejores fines. Yo no creo que el señor internuncio nos deje abandonadas ni que deje de hablar al ilustrísimo señor arzobispo en favor nuestro. Él no nos conoce, pero ya su excelencia nos conoce y espero haga mucho por nosotras. Entre tanto, heme aquí, Señor, sometida a tu adorable voluntad.
Dígnese dar su santa bendición a su obediente hija
Madre María de San José

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CARTA AL PRIOR GENERAL DE LA ORDEN DE
AGUSTINOS RECOLETOS

Alabados sean los nombres de Jesús, María Y José.

Maracay, 14 de febrero de 1956

Fray Eugenio Ayape de San Agustín.
Roma

Con suma alegría recibí su amable cartica del 14 del pasado enero, y me es satisfactorio contestarla en éste febrero, en que se cumple un año de su santa y feliz visita, la cual llenó nuestras almas de inmensos beneficios, que Dios nuestro Señor sabrá recompensar.
Deseo en este nuevo año muchas gracias y bienes espirituales. Esta sus hijas todas lo recuerdan con bastante cariño y les digo que a vuestra paternidad le agradará más el buen comportamiento y santa observancia, sobre todo, una gran caridad, virtud que nos es tan necesaria.
Mi salud, perfectamente bien. Sufrí en diciembre un pequeño ataque de bronquitis con algunos grados de temperatura y se angustiaron las hermanas y médicos. pero, a decir verdad, yo no me sentía nada grave, y así lo dijo un tercer médico, que me conoce bien. Los órganos, perfectamente; sólo el corazón, una pequeña cosa, de la que he sufrido siempre. gracias a Dios pude oír la santa misa y comulgar todos los días.
Las casas, bien, sin estar del todo arregladas. creo pronto lo estarán, Dios mediante. Mi cabeza no descansa con el deseo de tenerlas como anteriormente. Cerrar una casa no se puede, porque todas son necesarias a la pobre humanidad, pero dirá vuestra paternidad: tenerlas mal atendidas tampoco; en fin, Dios dirá.
Perdone vuestra paternidad esta larga carta y sus errores. Agradézcole sus recuerdos ante el Dios de los Altares: muchas, muchísimas necesidades espirituales tiene esta pobre alma. Dígnese darnos a todas, su santa bendición.
Madre María de San José

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