Apuntes espirituales

Diciembre 1889 - Diciembre 1905


Diciembre 17 de 1899
¿Qué no haremos por la salvación de un alma?

Octubre 13 de 1900 Oh divino Salvador mío, hoy cumplo 24 años que pasé por el Santo Bautismo, a ser hija tuya y heredera de tu Gloria! Sí, heredera de ese Cielo que poseeré. Qué dignación! Qué favores! De cuánto, amado y Buen Jesús, no soy deudora, y qué gracias os daré por ellos? Ah infinitas quiero daros, ángeles del Cielo, que un día fuisteis testigos de lo que por boca de mis padrinos prometí; sedlo hoy también aquí, en presencia de mi dulce Jesús y mi Madre amantísima. Yo, adorado Jesús en la Eucaristía; renuncio de nuevo a Satanás, a sus pompas y a sus obras y prometo amarte y servirte siempre más y más, ayudada de vuestra santa gracia. Así lo espero.

Septiembre 13 de 1903: ¡Oh día hermosos de mis Votos Perpetuos! ¡Oh grandioso día, en el cual me consagré para siempre a mi amado Esposo! ¿Oh Jesús, ya no tendré ante mí, sino una cruz y una tumba; ya nada me separará del amado de mi alma; ya he hallado a Aquel que tanto anhelaba mi corazón; ya soy toda tuya... y tú todo mío! ¡Oh Amor sacramentado! ¿De dónde a mí tanta dicha? Del inagotable raudal de ese vuestro corazón.

FÓRMULA DE SU PROFESIÓN: "Señor Dios Omnipotente, yo Hermana María de San José, aunque indigna de comparecer en vuestra presencia soberana, pero confiada en vuestra bondad y misericordia infinita, ante el glorioso Padre San Agustín y toda la Corte Celestial, con entera voluntad, libre y deliberadamente, hago Voto perpetuo a Vos Dios mío, en vuestro nombre, al muy Reverendo Padre, de Pobreza, castidad y Obediencia; resuelta a permanecer en esta Congregación de HERMANITAS DE LOS POBRES AGUSTINAS y a observar la Regla y Constitución que la rige, por todo el tiempo de mi vida.
Suplico oh Señor, humildemente, a vuestra Divina Bondad, por la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y por la intercesión de la Inmaculada Virgen María y San José, que os dignéis aceptar este sacrificio y me deis las gracias de cumplir fielmente las obligaciones que he contraído, para mayor gloria vuestra. Amén. Septiembre de 1903...
Todo mi Jesús, cuanto escribí en estos hermosos días en que me preparaba para mis eternos desposorios, todo, todo, lo consumió el fuego!. A qué guardar aquellos que tan sólo Tú eres sabedor? Me basta Jesús mío, que Tú y sólo Tú, guardes mis más íntimos secretos... Tuya he sido desde mis tiernos años... Tuya sola... y seré vuestra hasta la muerte... Septiembre de 1903.

Versos para ese día:

En prueba de obediencia,
mi voluntad Te di,
y con solemne voto
cumplirlo prometí.

La virginal pureza
desde mis tiernos años
a Ti la consagré
y hoy solemnemente
también la renové.

En estos versos no expreso sino la inmensa alegría, en el grandiosos día de mis Votos Perpetuos; no son pues poesías, sino afectos o más bien expansiones de mi alegre alma...

Con alma pura quiero
tu cuerpo recibir
y como esposa fiel
servirte hasta morir.

Escucha Jesús mío
la férvida oración
que como esposa amante
te eleva el corazón.

Con voluntad entera
servirte prometí
y con grandiosos Votos
a Ti, Jesús me uní.

Por Voto de Pobreza
a todo renuncié
y en mi nuevo estado
riquezas encontré.

En prueba de Obediencia
mi voluntad te di
y con solemne Voto
cumplirlo Os prometí.

La Virginal pureza,
desde mis tiernos años
a Ti te consagré
y hoy solemnemente
también la renové.


Diciembre 1° de 1905 Ejercicios para prepararme a la fiesta de la Inmaculada:

Día 1°:Fin del hombre: Es necesario que yo tenga algún fin, para el cual haya sido creada: Este no es la felicidad temporal, ni puede ser ninguna de las varias criaturas el mundo; la tierra, el agua, el aire, el fuego y todas la demás criaturas me dicen: "Hombre, no fuiste criado para nosotras, busca tu fin". Y cuál es mi fin? Ah sois Vos, Dios mío! Sí, Vos sois mi fin.

Día 2°:En este día medité, la gravedad del pecado. Los ángeles no pecaron ni una sola vez y sin embargo, la Justicia Divina, los arrojó del cielo y fueron sepultados en el Infierno. Adán pecó por primera vez y fue echado del Paraíso, y yo, cuántos pecados no he cometido? y no pudo Dios haberme arrojado al Infierno, como a tantos otros? Oh sí, pero vuestra gran misericordia, oh Dios mío, me ha dado tiempo de arrepentirme y confesar mis pecados. Yo los he confesado, más no sé si Vos me habéis perdonado. Si robustos cedros han caído del Líbano, como no he de temer yo, árbol flaco y débil?

Día 3°: En este día medité, sobre la necesidad que tenemos de la Oración. Jesucristo mismo nos lo enseña, cuando en el huerto de los Olivos nos dice: "Velad y Orad, para que no entréis en tentación"... Y también nos dice: "Orad siempre y no dejéis de orar jamás"... Nos obliga a orar cuando dice: "pedid y recibiréis, llamad y os responderé, tocad y os abriré. No se salvará sino aquel que persevere en el bien, pues la perseverancia, no la alcanzamos sino por la oración; claro está, que sin la oración, no hay salvación posible, así lo creo yo.

Día 4°: En est día medité lo terrible de la muerte. Oh Dios mío, si meditáramos en lo grande de aquel momento, si nos penetráramos bien de su certeza, cuán bien emplearíamos el tiempo; cuántas veces yo misma me he dicho : quizás moriré muy pronto, quizás sea este el último año de mi vida; pero me preparo por lo mismo que pueda ser el último? Que pueda llegar muy pronto este momento, del cual dependa nada menos que mi felicidad eterna o mi desgracia? Oh Dios y Creador mío, haced que estas verdades que he meditado, queden grabadas en mi alma para enmendarme.

Día 5°: Medité sobre el juicio y el valor del tiempo. Oh Dios mío, yo os diré con David: "En ti, Señor esperé y no seré confundido"... Oh juicios terribles los vuestros; oh Señor juzgadme según tu gran misericordia; no os mostréis riguroso con esta tu sierva. Y qué diré oh Buen Dios, del precio del tiempo, que en esta noche he meditado? Ah el tiempo (como Vos habéis dicho) vale lo que vale el cielo; todavía más, vale lo que vale Dios; aún más: vale lo que vale la sangre redentora de Jesucristo (San Bernardo); y qué mayor precio queremos? Dios mío, haced que aproveche el tiempo, él es precioso; ante Vos, María Madre mía hacedme conocer el valor del tiempo y estad a mi lado en mi muerte, para que el juicio sea favorable. Oh Jesús, tened piedad de mí.

Día 6°: Medité sobre el infierno y sus terribles tormentos. La vista de este infierno que he meditado, la gravedad de mis pecados por los cuales he merecido el infierno y esa duración sin fin, debería llenarme de temor, de espanto y hasta de desesperación, pero Oh Dios mío, tu gran misericordia me da una gran confianza sin límites; cómo desesperar oh Creador mío, a vista de Jesús muriendo por mi amor, me consuelan tus mismas palabras: "No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva"... Yo soy oh Dios mío, este pecador, tened misericordia de mí y no me dejéis perecer eternamente; dejar de veros para siempre? no, no lo permitáis. Señor, yo me arrojo a vuestros pies, perdonadme, salvadme; yo no quiero ofenderos más, yo quiero ser una perfecta esposa tuya, oíd mis súplicas y no me abandonéis.

Día 7°: Medité en la felicidad del Cielo. Oh día últimos de mis retiros, cuán ligeros han pasado! ¡El cielo! Ah si la meditación del infierno me llena de asombro, la del Cielo, me llenad de consuelo, oh qué dulces consideraciones! Pero oh Señor, si no me enmiendo, si no hago mis obras como esposa fiel, no poseeré ese Cielo. !Poseerlo para siempre! ¡Oh qué hermoso pensamiento! Contemplar la hermosura de Dios cara a cara, la de nuestra Madre Inmaculada, ah esto es sublime y en fin, poseeros sin temor de perderos jamás, éste sólo pensamiento, debiera llenarme de un santo deseo del Cielo; al sólo pensamiento de aquella patria celestial, debieran parecernos nada las cruces, las tribulaciones, y en fin, cuanto tengamos que sufrir en este destierro, ya nos vengan por manos de la criaturas; ya directamente de Dios, pues que todas vienen de lo alto. Dios mío, yo que he meditado estas grandes verdades, yo que he pasado estos días de retiro, que vuestra misericordia infinita me ha concedido, que comprendo los beneficios, que he recibido de vuestras manos, no debo temblar, ante estos puntos que he meditado? Qué cuenta tan estrecha me tomarás si no me propongo a enmendarme y cumplir fielmente nuestra Santa Regla? Qué Dios mío, no habré sacado ningún fruto de estos días de retiro? Yo he tenido buen deseo de hacerlo bien, he querido tratar a solas con Vos, el gran negocio de mi salvación y santificación; sí, lo he querido con toda mi alma; no he querido perder el tiempo, conozco cuánto te he ofendido, conozco mi negligencia, mis descuidos y en fin, conozco cuánto te he desagradado; yo estoy arrepentida y quiero enmendarme, perdonadme Señor, no veáis mis ofensas, sino mirad el caudal inagotable de vuestra misericordia; yo os prometo ser menos negligente, más observante de nuestra santa Regla, más obediente a mi Superior, más paciente, más mortificada y más sumisa a tus santos mandamientos; sellad estas mis resoluciones, que hago al pie del Crucifijo, en este último día de mis retiros; pero oh Señor, cuántas veces he formado estos propósitos y no los he cumplido! Ayudadme pues, para cumplirlos fielmente; ayudadme Vos oh Madre Inmaculada, mañana día de tu Concepción Purísima, qué me podéis negra? Nada, verdad madre mía, que Tú me alcanzaréis un santo amor y la perseverancia? Sí así lo espero. Así sea. San Ignacio de Loyola, rogad por mí.
Hospital San José, 7 de diciembre de 1905. Estos retiros, para prepararme a la gran fiesta de la Inmaculada.