La Beata María de San José, descubrió desde muy niña el amor a la Eucaristía en la que encontró el carisma distintivo de su espiritualidad. Halló en Jesús Hostia, el amor de sus amores, la perla de gran valor, por el que vale la pena perderlo todo, el tesoro escondido que la llevó a exclamar: "en la Eucaristía está mi tesoro y allí está mi corazón" Fue la Eucaristía la prioridad total de su existencia, en torno a ella, realiza opciones y compromisos radicales. Jesús Hostia, era el núcleo, el centro, la razón dominante de su ser y hacer, la aspiración profunda y constante hacia la santidad: "Quiero ser santa, pero santa de verdad". Todos sus momentos libres los pasaba a los pies del Maestro oculto en el santísimo Sacramento, ante Él discernía cuál era la voluntad de Dios, de cara a su proyecto personal y a la congregación.

La eucaristía fue el pilar esencial de su espiritualidad, en torno a ella polarizó toda su existencia. Desde muy pequeña sintió una atracción muy delicada por Jesús, Pan de Vida, por él se deja invadir y transformar, fue su inspiración fundamental.

Su amor entrañable a Jesús, Pan de los fuertes, explica toda su existencia. Ante la contemplación del sacramento del Amor, comprendió el mandato del señor en aquella tarde cuando instituyó la Eucaristía: "Haced vosotros lo mismo". Así, la comunión que diariamente recibía, la tornaba fecunda siendo caridad y amor para los más necesitados, para los preferidos del Reino de Dios. Hizo vida igualmente el mandato del señor en la multiplicación de los panes: "Dadles vosotros de comer".

María de San José fue continuidad del evangelio de Jesús, la caridad centrada en la Eucaristía, resume toda su existencia. las largas horas que pasaba ante Jesús Pan de Vida la sensibilizaron de tal manera que aprendió la sabiduría de la opción por los más pobres, supo partir y repartir el pan del amor y la caridad dentro de la misión específica que Dios le había encomendado. Alzó el cáliz de la generosidad y lo derramó sobre sus hermanos, rostros dolientes de Cristo. Comprendió que es imposible celebrar dignamente la comunión sin comunidad de amor. Vivió la Eucaristía de la vida con un corazón abierto al amor y la fraternidad, compartiendo la fe, el pan y la vida con sus hermanos, especialmente los más pobres de bienes y derechos, de Dios. Sus encuentros con Jesús Eucaristía la impulsaban a ser solidaria con los gozos, esperanzas tristezas y angustias de los hombres. Se dejó tocar por el soplo creador del Espíritu, captó los signos de los tiempos, las grandes urgencias de su momento histórico que la movía a repetir continuamente a sus hijas: "Los desechados de todos son los nuestros; los que nadie quiere recibir, esos son los nuestros. Esa doble dimensión: amor a la Eucaristía y amor a los hermanos, iluminan y dan sentido a toda su existencia. Esta espiritualidad es enriquecida por una tierna y sólida devoción a la santísima Virgen y un amor sin límites a la Iglesia.

La beata María de San José demuestra haber sido una mujer maravillosamente creativa a la luz del Espíritu Santo. Estuvo en contacto con su tiempo, descubrió sus necesidades, oyó los gritos de los oprimidos, de los pobres, de los necesitados. vivió con gran sensibilidad humana el mandato de Jesús en el evangelio durante las bodas de Caná: "llenen las tinajas de agua". Su itinerario: día a día, fue llenar las vasijas del amor entrañable a los más humildes y marginados ocupándose de ellos en la contemplación de Jesús Hostia en la Eucaristía, de esta manera se desbordó el recipiente de la caridad evangélica en la comunidad fraterna.