6. Una circunstancia inesperada

     Laura ansía consagrarse a Dios en un convento de clausura: es su gran ilusión, y así lo ha manifestado al párroco, quien le recomienda esperar. Los conventos de monjas en Venezuela han sido suprimidos pos el "Ilustre Americano". Tendría que ausentarse a España o a la Isla de Trinidad. El panorama se presenta incierto: pero el Padre López promete ayudarla en este discernimiento vocacional.
     Mientras tanto vive de oración y de servicio al prójimo. Clemencia, su hermana, trata de disuadirla de aquellas actitudes que a ella le resultan un tanto extrañas en una joven común; pero nada consigue. Laura se siente inclinada a la vida de silencio y de oración, de contemplación y penitencia. Cada día asiste a misa, pese al disgusto de su padre, y dedica largos ratos de oración ante el Santísimo Sacramento, o en el patio de su casa, bajo una planta de catigüire, testigo de sus inquietudes.
     De pronto, una circunstancia especial conmueve a la población venezolana: La epidemia de viruela se desata implacable produciendo angustia, zozobra y muerte, particularmente en la clase desposeída: infección, contagio, cuerpos humanos cubiertos de fétidas pústulas, a veces bajo los aleros de las casas. La situación sanitaria es pésima; no existe centro de salud.
     Será una circunstancia que pondrá a prueba el temple y la heroica virtud del padre López Aveledo, quien a su condición de pastor, trata de hacer frente a aquella dramática situación. Su inicial experiencia y sus relaciones con el personal del Hospital "Vargas" de Caracas, del que fue capellán, le son favorables. Personalmente los atiende, los traslada en hombros hasta donde puedan ser atendidos dignamente en sus últimos momentos, y cuando nada puede hacer por su alivio corporal, con lágrimas en los ojos, de rodillas ante ellos en plena vía, les administra los sacramentos y les dirige unciosas palabras y oraciones.
     El abnegado párroco se siente en la imperiosa obligación de instalar por propia iniciativa un puesto de emergencia, que dará origen al primer hospital de Maracay.
     El padre hace un urgente llamado a su feligresía. Unos critican, otros, en su mayoría están dispuestos a colaborar generosamente. Se alquila entonces la casa de las hermanas Yépez, en la calle Miranda cruce con Sucre.
     Es el 3 noviembre de 1893.