11. Presencia viva de la caridad


     Las abnegadas servidoras del hospital "San José" se han constituido en Congregación religiosa para los pobres. Oportunamente, el padre López Aveledo se presenta con su grupo de Hermanas ante el Vicario Provisor del arzobispado de Caracas, quien designa a Laura superiora. Ella obediente, acepta, y desde ese momento regirá los destinos de la Congregación hasta 1960, siete años antes de su muerte, siempre por obediencia.
     El 13 de Septiembre de 1903, la Madre María emite sus votos perpetuos y, en acción de gracias, permanece hasta media noche de rodillas sosteniendo en su mano un cirio encendido. Tanta es su felicidad y su fervor.
     Ese mismo año, el Padre López Aveledo presenta los primeros estatutos de la Congregación ante Monseñor Castro, explicitando la naturaleza y el fin de la misma, e informando de las obras atendidas hasta ese momento.
     El origen de la nueva Congregación de Agustinas se remite a "varias señoritas de esta ciudad (Maracay), quienes en su ardiente celo por la gloria de Dios y el bien de las almas, y siguiendo el impulso interior de la gracia y un deseo afectuoso de corresponder a ella, se sintieron incitadas a poner los medios para conseguir la perfección en una vida retirada de oración, en el servicio de los desgraciados pobres de nuestro Señor Jesucristo, declarándose esclavas de sus hermanos indigentes". Y con "el contentamiento de los venerables párrocos atienden los hospitales de Maracay, La Victoria y Villa de Cura".
     La revolución "Libertadora" ha agotado cuantiosos recursos humanos y económicos. Sangre y fuego, miseria y dolor, conforman el panorama nacional. Allí va la Madre María con sus Hermanas, al cuartel general de Cagua, a atender dos hospitales de campaña con centenares de heridos cada uno. Son apenas diez Hermanas que deben multiplicar sus esfuerzos para todos, los partidarios del gobiernos y los del bando contrario. Pasan luego al cuartel de Maracay y en el hospital "San José" atienden 150 hospitalizados. Un hermoso testimonio de caridad cristiana.
     No hay que olvidar que para estos años Laura está observando su ayuno absoluto, por lo cual no es extraño que en una ocasión, mientras se trasladaba a pie por el campo en compañía de la Hermana Francisca para ir a atender los heridos, hubieran de solicitar ayuda en una humilde casa.
     Como si fuera poco, en 1904 cunde la epidemia de viruela, enfermedad infecto-contagiosa que exige el aislamiento de los pacientes. A esos "degredos" se traslada la Madre María con sus Hermanas. "El 15 de Agosto ya estábamos instaladas con nuestros pobres enfermos... Recuerdo con alegría esos hermosos días llenos de penas y amarguras".