16. Manifestación popular


     La prensa local y nacional anuncia con grandes titulares el fallecimiento de esta insigne mujer venezolana. Miles de personas desfilan reverentes ante su ataúd. "Ha muerto una santa" es la voz popular. Todos quieren tocar objetos piadosos a su venerado cuerpo a manera de reliquias. Una familia pide la curación de su anciano padre que desde hace varios años está imposibilitado para caminar y, sin tardanza, recibe la gracia solicitada. El anciano profesor de Valencia, se arrodilla para dar gracias a Dios.
     Ese mismo domingo, 2 de abril a las 8 p.m., Monseñor Feliciano González celebra misa de cuerpo presente y concede facultades a todos los sacerdotes para celebrar el Santo Sacrificio a cualquier hora del día o de la noche en la capilla del asilo donde el cuerpo permanece durante 3 días en capilla ardiente. La afluencia de personas procedentes de distintos sitios de Venezuela exige que las puertas del asilo permanezcan abiertas día y noche.
     Miembros del Cuerpo de Bomberos de Maracay, Valencia y Los Teques, hacen guardia de honor. Religiosas, asociaciones, grupos de estudiantes, acompañan el féretro. Venezuela está de duelo.
     El 3 de abril, a las 10 a.m., los Agustinos Recoletos presididos por el padre Carmelo Lerga, concelebran un solemne funeral. La Madre en su ataúd parece de cera.
     El sepelio se realiza el martes 4 de abril, a las 4 de la tarde, con la presencia de autoridades civiles, religiosas y militares. Maestro de ceremonias es el Reverendo padre Hartwigo, benedictino.
     A la hora indicada, el cortejo fúnebre se dirige a la catedral acompañado por las bandas de Música del Estado y de la Marina, mientras una escuadrilla de la Fuerza Aérea, desde la altura lanza pétalos de flores.
     La solemne concelebración en la catedral estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Monseñor Feliciano González, acompañado de Ángel Pérez Cisneros, obispo de Barcelona y Juan José Bernal, arzobispo-obispo de Los Teques; los padres Agustinos Recoletos y miembros de otros institutos religiosos, más un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos.
     Luego de póstumo homenaje, su cuerpo fue sepultado en la antigua capilla del asilo, calle santos Michelena, N°14, bajo una blanca lápida de mármol que dice: "La Eucaristía fue el centro de su vida. Bebió en la misma fuente la santidad que transmitió a sus hijas. Su palabra suave y delicada llevó consuelo y paz a los hombres. Su vida fue un servicio. Su mensaje-testamento: Unidos en Cristo por una sincera caridad".