5. El nuevo párroco de Maracay

     Los estudios en el colegio de Maracay culminan en 1892, cuando Laura cuenta 17 años. Es el mes de Septiembre. En las jóvenes alumnas reina la emoción y la alegría. Laura es una de las mejores y a ella se asigna el discurso que, en nombre de sus compañeras, deberá pronunciar públicamente en la plaza del pueblo como parte de los actos programados con motivo del fin de curso. Para este día, su madre le ha preparado un hermoso vestido de color azul celeste, bordado en seda blanca. Laura obediente lo estrena; pero luego lo regalará a su amiga Rosarito, no sin antes obtener el permiso de su madre.
     Al finalizar sus estudios, Laura extiende su labor catequística a los jóvenes de la parroquia. Ya anciana aludirá a esta experiencia, acotando que "jamás a alguien se le ocurrió faltarle el respeto".
     Don Clemente, orgullosos de su hija, aspiraba a enviarla a Caracas a fin de que prosiguiera allí su formación, pero las circunstancias del momento no resultaron favorables. Dios tenía reservados para ella otros caminos.
     Cierto día que Laura ayudaba a sus maestras en la preparación de un ajuar matrimonial, se presenta el nuevo párroco Vicente López Aveledo y allí se conocen. Él es un joven sacerdote caraqueño, de grandes ideales e incansable espíritu pastoral. Alterna sus actividades parroquiales con obras sociales, educativas y culturales. Por designio divino una nueva tarea le espera: encauzar la vida de esta jovencita, ávida de Dios y de bien. La invita a colaborar en las labores parroquiales, las que inicia, previo permiso de sus padres, mediante el honroso oficio de lavar y arreglar los purificadores para el sacrificio eucarístico. Con la delicadeza que siempre la caracterizó en este menester, se apresura a adquirir utensilios nuevos, dedicados exclusivamente a ello.
     El 8 de diciembre de 1893, el Padre López funda la Sociedad de Hijas de María, a cuyo ingreso, Laura se prepara con 8 días de retiro espiritual en absoluto silencio, al final de los cuales renueva su voto de virginidad, esta vez en forma perpetua. Recuerda con emoción la hermosa plática del Padre López. "¡Qué bien habla nuestro padre!", escribe.
     Aquella es una parroquia viva, fervorosa y alegre; muy eucarística. Es el humus donde se desarrolla la vocación de Laura, futura Madre María de San José.