8. Con nombre y apellido


     De 1894 a 1895 las jóvenes del Hospital trabajan bajo la dirección de la señora Juana de Motamayor, la cual fue sustituida por la señora Antonia del Castillo, ex-religiosa procedente de las Islas Canarias, a quien probablemente el padre López había conocido en el hospital Vargas de Caracas. "Misia Antonia" comienzan a llamar en el hospital a aquel nuevo personaje que entra en escena con el rol de directora y administradora.
     ¿Quién iba a imaginar que aquella nueva ecónoma sería un instrumento de purificación para Laura? Según afirmación personal de la protagonista, aquella feliz niña no conocía el sufrimiento, que desde ahora se hace presente con nombre y apellido.
     En este importante momento de su vida, Laura abre su corazón virginal a la fecundidad de la cruz y sufre en silencio incontables pruebas por parte de "Misia Antonia", a quien ella, Laura, "quiere con toda su alma". "Era tremenda, me hacía sufrir, pero yo la quería mucho. ¡pobrecita!". Así son los santos. En la oscuridad de la prueba, resplandece la luz, y en el crisol se purifica el oro.
     Cuando Doña Antonia se tornaba muy fastidiosa, las otras jóvenes desobedecían, no así Laura: ella lo ofrecía a Dios, por amor a sus pobres. El tiempo transcurría y la pobre víctima callaba. Nada confiaba a sus padres ni al sacerdote por temor de no poder continuar en aquella obra, "lugar de sus delicias" apostólicas.
     De temperamento sensible y muy reservada, Laura enferma. Agudas crisis de asfixia llevan a temer por su vida. El Dr. Tabosqui ha dicho:
     "Se nos muere la niña del Cristo"
     Ante esta situación, doña Antonia muy preocupada, habla con el padre López Aveledo: Ella quiere prometer a Dios retirarse del hospital e irse a prestar sus servicios a un apartado lazareto, como en efecto lo hace.
     Laura se recupera.
     Posteriormente, cuando Laura toma el hábito religioso, le escribe una carta a doña Antonia, quien le responde y, entre otras frases, le expresa: "Yo comprendía que usted tenía vocación".
     Por ello la Madre María, agregará: "Ella fue mi maestra, mi gran maestra".