7. Cambio de ruta: Un hospital


     Laura quiere retiro, clausura, soledad, y Dios le está pidiendo servicio activo, ineludible. Ella, como espiga madura, se doblega ante el designio divino y acepta su voluntad.
     El hospital queda fundado con el nombre de "San José", patrono de la parroquia. Un notable grupo de personas secunda la iniciativa del padre López Aveledo; médicos, farmacéuticos, señoras, jóvenes y hasta niños, colaboran en el arduo trabajo.
     La Junta Directiva está constituida por las Blanco, las maestras de Laura; los médicos se turnan mensualmente, y la atención directa de los enfermos se encomienda a un grupo de jóvenes voluntarias, entre las cuales está Laura. Representa la mayor dosis de sacrificio: Enfermeras, cocineras, camareras, lo son todo: en medio de aquella pobreza y con instrumentos de trabajo los más rudimentarios, la higiene y el aseo resplandecen, pero sobre todo, la caridad.
     Junto a Laura están: Ulpiana Gil Quiñones, Josefina Rojas, Dolores Olmo, Margarita Dorta, Socorro salmerón, y la señora Carmen Garbozo de Ayala, Eulogia Burgos colabora con la recolección de fondos económicos.
     Titánica tuvo que ser la fe y la voluntad de aquel grupo de mujeres para mantener en pie esta obra de caridad común en tiempos tan crudos. La miseria se hace ley. A la baja mundial de precios de los principales productos nacionales de exportación, como el café y el cacao, tendrán que enfrentar el azote de enfermedades como el paludismo y la tuberculosis, y las invasoras nubes de langostas que arrasaron las siembras, base de la economía del país.
     Laura reside en la calle Páez, muy cerca del hospital. Trabaja todo el día con los enfermos y a las 8 de la noche se retira a su casa, según exigencia de sus padres.
     ¿Dónde se han ido los sueños de Laura Alvarado de retirarse a la tranquila soledad de un convento para mejor servir a su Dios? Su pueblo, la Iglesia, los pobres, la necesitan aquí y ahora. Y ella se entrega con gran abnegación. Ocho años de servicio en aquel hospital la prepararon para mayores ascensos en la práctica de la virtud cristiana, especialmente de la caridad.
     Y también de la humildad.