3. Algunas anécdotas

     Andaría Laura en los 5 años de edad cuando en Maracay una curiosa dama ventanera le pregunta:
     _Muchachita, ¿de quién eres tú?
     _De mi papá y mi mamá, le respondió vivazmente la niña.
     Cuando me peinaban de crespos -relata la Madre María- ¡ay, ay, ay! iba al espejo a mirarme de un lado y de otro. ¡Se sentía tan linda! En una ocasión, la abuela paterna propone tomar una fotografía a su nieta, así con sus hermosos crespos. A la tía Mercedes se le ocurre colocarle una flor en la cabeza. A Laura le desagrada la ocurrencia y se resiste, pero su madre la obliga a obedecer y la fotografía reveló la imagen de una niña malcriada cubriéndose el rostro.
     Una noche que su madre deja a los niños dormidos y va a casa de la abuela a visitar un pariente enfermo, Laurita al darse cuenta de la situación, se provee de una vela y una caja de fósforos (no había luz eléctrica), abriga bien a sus dos hermanitos menores y llega con ellos a casa de la abuela.
     _¡Margara! dice a su nuera doña Ana Félix. Es la niña.
     _¡Cómo te atreviste...? le interroga su madre.
     _ Antes yo miré a ver si estaba la "sayona", y como no la vi, salí, respondió valientemente la niña.
     ¡Cómo le fascinaba entretenerse fabricando altares con los recortes sobrantes en la carpintería de su padre! Para evitar reprensiones, a veces se retiraba al solar de la casa lejos de la vista de don Clemente.
     Un día, ya como de 7 años lavaba en la acequia que atravesaba el patio de su casa, cuando de repente, su padre acercándose muy serio, le pregunta: "¡qué tiene Ud., en las manos?" pensando que era un cigarrillo, pero ¡no! Era su sortijita de diamantes que con la luz del sol resplandecía.
     Desde muy pequeña, ante alguna perturbación de ánimo, se niega a alimentarse. Así, cuando ve a Panchita, su hermana menor, inerte en brazos de su madre, le advierte:
     "Ya sabes mamá, no voy a comer nada, ni hoy ni mañana. Era profundamente sensible."
     _Octaviano, -le suplica una mañana a su hermano-, acompáñame a misa de aguinaldos.
     _Si me traes una taza de café bien caliente.
     Laura lo complace solícita, y el bribón, luego de tomarlo, se envolvió en su sábana y la dejó plantada y triste. "Yo, incapaz de acusarlo ni de vengarme -recordará ella-, lo soportaba todo en silencio".