"Veremos, y yo desde el cielo, florecer nuestra humilde Congregación y llenos los puestos vacíos" M.M.

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Biografía de la Beata María de San José



Tomado del libro "La niña del Cristo" de la Hna. Dilia Barrios Marcano. a.r.c.j.


Ordinariamente manejamos el término "santidad" sin poseer de él una noción clara; elementalmente sabemos que "santo" es todo aquello que de alguna forma tiene relación directa con Dios, pureza y bondad infinitas; el "solo Santo".
La Biblia nos transmite aquella visión en la que espíritus celestes adoran a Dios cantándole: "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo...", alabanza que la liturgia católica ha trasladado a la "Plegaria Eucarística" de la misa. Y la misma liturgia continúa: "Santo eres en verdad, Señor, FUENTE de toda santidad". Si; Dios es el único Santo; pero como Él es AMOR y el amor es donación, apertura, comunicación, Dios nos hace hijos en su Hijo Jesucristo, "de cuya plenitud todos recibimos" (Is 1,16). En su Hijo, Dios nos hace partícipes de su santidad mediante la gracia sobrenatural. Nos transmite su propia vida. Por eso somos hijos.
Como hijos de Dios en Cristo, todos estamos llamados a ser santos. En esta vocación concurren dos factores: la iniciativa operante de Dios y la respuesta humana en pleno ejercicio de su libertad.
El grado de santidad corresponde al grado de crecimiento en la comunión con Dios.
La madre Iglesia, pastoralmente solícita del bien de sus hijos, acogiendo sus aspiraciones y con la autoridad otorgada por Cristo, declara oficialmente "santos" a aquellos candidatos que habiendo fallecido en concepto de santidad, y mediante exhaustivo estudio de su vida y virtudes, alcanzan por parte de Dios la prueba de un milagro, es decir, de un hecho sobrenatural sólo factible a la omnipotencia divina. Todo queda instrumentalizado en la "Causa de canonización".
Para ser más precisos, la causa de canonización, es el asunto en cuestión (la santidad de X persona) y se introduce o se inicia: se requieren pruebas testificales (de testigos) y documentales (escritas).
El origen de las causas de canonización se remonta a los primeros siglos del cristianismo en relación al culto de los mártires, y posteriormente a los confesores (eximios defensores de la fe) y, finalmente, a aquellos candidatos cuyas virtudes cristianas en grado heroico, sean comprobadas.
El objetivo de estas causas es proponer nuevos modelos de fe e intercesores ante Dios, a la vez que son una señal de la vitalidad de la Iglesia.
Antiguamente, las beatificaciones se efectuaban a nivel de diócesis y no se exigía el límite de tiempo: podía iniciarse inmediatamente después de la muerte. Hoy se exige un límite de 5 años a partir del deceso.
En cuanto a las personas, se llama "actor" a quien solicita la causa ante la autoridad competente. "Postulador" es la persona nombrada por el "actor" como representante legal: Él defiende los intereses de la causa y, en la práctica, es "el alma del proceso".
Lo que en lenguaje vulgar se conoce como el "abogado del diablo" es el "promotor de justicia", a quien corresponde velar para que se observe fielmente la ley.
A través de las sucesivas fases de la causa se denomina al candidato:
1. Siervo de Dios: cuando la Santa Sede mediante el "nihil obstat" comunica que "no hay obstáculo" alguno para introducir la causa.
2. Venerable: Sigue a la declaración de las virtudes heroicas del candidato.
3. Beato: Significa bienaventurado y se declara tal, después de la comprobación de un milagro sometido a proceso.
4. Santo: En la actual legislación eclesiástica se exige un nuevo milagro antes de esta declaración final.
El nuevo santo pasa a formar parte del "santoral" de la Iglesia, es decir, la Iglesia autoriza oficialmente el culto público a estos héroes de la vida cristiana, partícipe, de la santidad divina en grado eminente.
En cuanto a la exhumación, basta decir que, próxima la beatificación del Siervo de Dios, se procede al reconocimiento del cadáver, se extraen algunas reliquias y, si se estima oportuno, se trasladan los restos mortales a un lugar de fácil acceso para los fieles.
No es necesario trasladar los restos al sitio de beatificación, ya sea en Roma o en cualquier otro lugar donde la ceremonia se realice.

A aquel 25 de abril de 1875, fecha del nacimiento de la Madre María de San José, han precedido vicisitudes y acontecimientos que con diversos caracteres, marcan la historia y la fisonomía de Venezuela: A varias décadas de la independencia nacional, se da la abolición de la esclavitud en 1845, a la que seguirá la Revolución Federal durante cinco años, de 1859 a 1863. El país se enfrenta con una economía destruida por la guerra y la anarquía. Durante el gobierno del civilizador y autócrata Guzmán Blanco, entre otras obras de progreso se realiza en 1873 un censo de la población venezolana, la cual alcanzó a 1.784.194 habitantes.
El 13 de Octubre de 1875, a sólo 6 meses de su nacimiento, una niña es bautizada en la Iglesia Parrroquial de Choroní con el nombre de LAURA EVANGELISTA, hija primogénita de Clemente Alvarado y Margarita Cardozo, modestos habitantes de aquel pueblo. La Bautiza el párroco José María Yépez y son sus padrinos Manuel González y Dolores Sofía Bravo Cardozo, prima de la niña.
Como obsequio de Ana Félix, la abuela paterna, recibe un par de zarcillos de oro macizo con tres esmeraldas cada uno. Acto seguido, aquellos pendientes fueron incrustados en las tiernas orejitas de la recién bautizada.
Laura es una hija esperada con amor y rodeada del cariño familiar, factor decisivo en el desarrollo armónico de la personalidad. Le seguirán otros hermanos: Octaviano, Panchita y Clemencia.
En 1877, Laura recibe la confirmación administrada por el Arzobispo de Caracas, Mons. José Antonio Ponte, de visita pastoral en Choroní. Es su madrina Mercedes Márquez de Padrón.
Al referirnos a Choroní, estamos hablando del pueblo natal de nuestra Beata María de San José. De estilo colonial, pintoresco y acogedor, es patrimonio histórico de la nación, centro turístico del Municipio Girardot en el Estado Aragua, de hermosas playas y habitantes. Guarda en su seno históricas memorias entre ellas la rústica pila bautismal de 1757.
Choroní es valle rodeado de altas montañas que, junto al rio que lo atraviesa, le prodigan un aire de belleza y frescura. A pocos kilómetros, el Puerto de Colombia, con su paisaje marino, su folklore y su actividad bulliciosa y alegre.
La profusa y rica virtualidad de los accidentes geográficos, ejercerán especial influencia en la personalidad de aquella niña, excepcional fruto de su tierra.

A medida que Laura crece, va revelándose en ella una gama de cualidades: clara inteligencia, fina sensibilidad, firmeza y tan extraordinaria memoria, que jamás olvidará una función de títeres que presenció a los seis meses de edad. En épocas posteriores afirmará que desde los dos años recuerda toda su vida.
Cuando Laura cumple los tres años, don Clemente decide trasladarse con su familia a Turmero, población vecina domicilio de sus padres, Dolores Alvarado y Ana Félix Salas, quienes colman de cariño a su nieta. Una de sus tías le enseñó las primeras letras y a los 4 años de edad, ya sabe leer.
La estancia en Turmero es breve. Al poco tiempo se establecen en Maracay donde cursa todos sus estudios, desde los 5 años hasta los 17. Era una de las preocupaciones de sus padre: su educación, querían para ella lo mejor. En el ambiente social de la época, cuando imperaba el analfabetismo, su educación resultaba óptima.
Según su propia afirmación, en la escuela la llamaban "la palomita", lo que ella atribuía a su natural seriedad. Declara igualmente que durante toda su etapa escolar guardará su alma de pecado; inocencia que conservará hasta el final de sus días.
Reñida con todo lo que es mentira o engaño, está siempre dispuesta a decir la verdad. Muestra especial inclinación a la piedad religiosa y al socorro de las personas necesitadas, actitudes que ha aprendido junto a su madre, a quien el pueblo mucho aprecia por su servicialidad y caridad, sin distinción de ninguna clase. Nueve años cuenta cuando, acompaña a su madre a visitar un enfermo renuente a recibir los sacramentos aduciendo ante la niña su larga barba. Laura solícita, se aprestó a rasurarlo, como en efecto lo hizo, logrando que aquel hombre se reconciliara con Dios.
Ya era una estampa familiar ver a la niña Laurita al lado de su madre en las visitas de caridad, en la práctica de las obras de misericordia. Anhela el día de su primera comunión, para la que ha sido preparada desde los 7 años por "una santa viejecita"; sin embargo deberá esperar hasta los 13 años, según las normas canónicas de entonces.

Andaría Laura en los 5 años de edad cuando en Maracay una curiosa dama ventanera le pregunta:
_Muchachita, ¿de quién eres tú?
_De mi papá y mi mamá, le respondió vivazmente la niña.
Cuando me peinaban de crespos -relata la Madre María- ¡ay, ay, ay! iba al espejo a mirarme de un lado y de otro. ¡Se sentía tan linda! En una ocasión, la abuela paterna propone tomar una fotografía a su nieta, así con sus hermosos crespos. A la tía Mercedes se le ocurre colocarle una flor en la cabeza. A Laura le desagrada la ocurrencia y se resiste, pero su madre la obliga a obedecer y la fotografía reveló la imagen de una niña malcriada cubriéndose el rostro.
Una noche que su madre deja a los niños dormidos y va a casa de la abuela a visitar un pariente enfermo, Laurita al darse cuenta de la situación, se provee de una vela y una caja de fósforos (no había luz eléctrica), abriga bien a sus dos hermanitos menores y llega con ellos a casa de la abuela.
_¡Margara! dice a su nuera doña Ana Félix. Es la niña.
_¡Cómo te atreviste...? le interroga su madre.
_ Antes yo miré a ver si estaba la "sayona", y como no la vi, salí, respondió valientemente la niña.
¡Cómo le fascinaba entretenerse fabricando altares con los recortes sobrantes en la carpintería de su padre! Para evitar reprensiones, a veces se retiraba al solar de la casa lejos de la vista de don Clemente.
Un día, ya como de 7 años lavaba en la acequia que atravesaba el patio de su casa, cuando de repente, su padre acercándose muy serio, le pregunta: "¡qué tiene Ud., en las manos?" pensando que era un cigarrillo, pero ¡no! Era su sortijita de diamantes que con la luz del sol resplandecía.
Desde muy pequeña, ante alguna perturbación de ánimo, se niega a alimentarse. Así, cuando ve a Panchita, su hermana menor, inerte en brazos de su madre, le advierte:
"Ya sabes mamá, no voy a comer nada, ni hoy ni mañana. Era profundamente sensible."
_Octaviano, -le suplica una mañana a su hermano-, acompáñame a misa de aguinaldos.
_Si me traes una taza de café bien caliente.
Laura lo complace solícita, y el bribón, luego de tomarlo, se envolvió en su sábana y la dejó plantada y triste. "Yo, incapaz de acusarlo ni de vengarme -recordará ella-, lo soportaba todo en silencio".

Varias circunstancias concurrentes en la vida de Laura a sus 13 años de edad, marcarán el rumbo de sus ideales.
Plácida, su prima, hija de la tía Mercedes, es a su vez, su gran amiga, casi como una hermana. Plácida es coqueta y le habla de modas, de fiestas y de galanterías, lo que a Laura desagrada. Por otra parte, los planes de sus padres está orientados hacia un futuro matrimonio de su hija.
Ella quiere ser toda de Dios, pero ¿cómo? en Venezuela no se conocen religiosas. Los conventos de clausura han sido eliminados por el presidente Guzmán Blanco, al igual que los seminarios. Su gobierno ha sido para la Iglesia de Venezuela una verdadera purificación.
Un día, mientras oraba en el templo de Maracay, "Me inspiró el dulce Jesús del tabernáculo preguntarle: ¿Y no puedo unirme a ti (en matrimonio), como las demás mujeres a los hombres?" Y sintió en lo profundo de su alma un clarísimo SI. Era el 16 de Julio de 1888, festividad de la Virgen del Carmen. Y, aunque ella reconoce que entonces no tuvo pleno conocimiento de lo que hizo en este gran día, será una experiencia inolvidable a lo largo de su existencia: Se consideró desde aquel momento extraordinario, la prometida de Dios.
A los pocos meses, el 8 de diciembre de 1888, efectúa felizmente su tan ansiada primera comunión; y ya instruida por el Párroco Antonio Ferrer, "con alegría indecible" pronuncia un voto privado de virginidad al único amado de su corazón: Jesús Sacramentado. Por eso afirma: "En la Eucaristía está mi tesoro y allí está mi corazón". Se desprende de sus pequeñas vanidades: sus amados crespos, sus joyas. Desde este memorable día comenzará a observar los tres votos de obediencia, pobreza y castidad, y promete vivir con la mirada discretamente baja, característica particularmente suya. En lugar de sus prendas, llevará en adelante un crucifijo sobre el pecho, circunstancia que le merecerá de parte del pueblo el nombre de "La niña del Cristo".
A esa edad, convierte su hogar en una escuela para los niños pobres, a quienes también prepara para la primera comunión. Al encuentro de los gastos que esta iniciativa le ocasiona, confecciona dulces criollos para la venta, en la cual colaboran sus padres y sus maestras, la familia Blanco.

Los estudios en el colegio de Maracay culminan en 1892, cuando Laura cuenta 17 años. Es el mes de Septiembre. En las jóvenes alumnas reina la emoción y la alegría. Laura es una de las mejores y a ella se asigna el discurso que, en nombre de sus compañeras, deberá pronunciar públicamente en la plaza del pueblo como parte de los actos programados con motivo del fin de curso. Para este día, su madre le ha preparado un hermoso vestido de color azul celeste, bordado en seda blanca. Laura obediente lo estrena; pero luego lo regalará a su amiga Rosarito, no sin antes obtener el permiso de su madre.
Al finalizar sus estudios, Laura extiende su labor catequística a los jóvenes de la parroquia. Ya anciana aludirá a esta experiencia, acotando que "jamás a alguien se le ocurrió faltarle el respeto".
Don Clemente, orgullosos de su hija, aspiraba a enviarla a Caracas a fin de que prosiguiera allí su formación, pero las circunstancias del momento no resultaron favorables. Dios tenía reservados para ella otros caminos.
Cierto día que Laura ayudaba a sus maestras en la preparación de un ajuar matrimonial, se presenta el nuevo párroco Vicente López Aveledo y allí se conocen. Él es un joven sacerdote caraqueño, de grandes ideales e incansable espíritu pastoral. Alterna sus actividades parroquiales con obras sociales, educativas y culturales. Por designio divino una nueva tarea le espera: encauzar la vida de esta jovencita, ávida de Dios y de bien. La invita a colaborar en las labores parroquiales, las que inicia, previo permiso de sus padres, mediante el honroso oficio de lavar y arreglar los purificadores para el sacrificio eucarístico. Con la delicadeza que siempre la caracterizó en este menester, se apresura a adquirir utensilios nuevos, dedicados exclusivamente a ello.
El 8 de diciembre de 1893, el Padre López funda la Sociedad de Hijas de María, a cuyo ingreso, Laura se prepara con 8 días de retiro espiritual en absoluto silencio, al final de los cuales renueva su voto de virginidad, esta vez en forma perpetua. Recuerda con emoción la hermosa plática del Padre López. "¡Qué bien habla nuestro padre!", escribe.
Aquella es una parroquia viva, fervorosa y alegre; muy eucarística. Es el humus donde se desarrolla la vocación de Laura, futura Madre María de San José.

Laura ansía consagrarse a Dios en un convento de clausura: es su gran ilusión, y así lo ha manifestado al párroco, quien le recomienda esperar. Los conventos de monjas en Venezuela han sido suprimidos pos el "Ilustre Americano". Tendría que ausentarse a España o a la Isla de Trinidad. El panorama se presenta incierto: pero el Padre López promete ayudarla en este discernimiento vocacional.
Mientras tanto vive de oración y de servicio al prójimo. Clemencia, su hermana, trata de disuadirla de aquellas actitudes que a ella le resultan un tanto extrañas en una joven común; pero nada consigue. Laura se siente inclinada a la vida de silencio y de oración, de contemplación y penitencia. Cada día asiste a misa, pese al disgusto de su padre, y dedica largos ratos de oración ante el Santísimo Sacramento, o en el patio de su casa, bajo una planta de catigüire, testigo de sus inquietudes.
De pronto, una circunstancia especial conmueve a la población venezolana: La epidemia de viruela se desata implacable produciendo angustia, zozobra y muerte, particularmente en la clase desposeída: infección, contagio, cuerpos humanos cubiertos de fétidas pústulas, a veces bajo los aleros de las casas. La situación sanitaria es pésima; no existe centro de salud.
Será una circunstancia que pondrá a prueba el temple y la heroica virtud del padre López Aveledo, quien a su condición de pastor, trata de hacer frente a aquella dramática situación. Su inicial experiencia y sus relaciones con el personal del Hospital "Vargas" de Caracas, del que fue capellán, le son favorables. Personalmente los atiende, los traslada en hombros hasta donde puedan ser atendidos dignamente en sus últimos momentos, y cuando nada puede hacer por su alivio corporal, con lágrimas en los ojos, de rodillas ante ellos en plena vía, les administra los sacramentos y les dirige unciosas palabras y oraciones.
El abnegado párroco se siente en la imperiosa obligación de instalar por propia iniciativa un puesto de emergencia, que dará origen al primer hospital de Maracay.
El padre hace un urgente llamado a su feligresía. Unos critican, otros, en su mayoría están dispuestos a colaborar generosamente. Se alquila entonces la casa de las hermanas Yépez, en la calle Miranda cruce con Sucre.
Es el 3 noviembre de 1893.

Laura quiere retiro, clausura, soledad, y Dios le está pidiendo servicio activo, ineludible. Ella, como espiga madura, se doblega ante el designio divino y acepta su voluntad.
El hospital queda fundado con el nombre de "San José", patrono de la parroquia. Un notable grupo de personas secunda la iniciativa del padre López Aveledo; médicos, farmacéuticos, señoras, jóvenes y hasta niños, colaboran en el arduo trabajo.
La Junta Directiva está constituida por las Blanco, las maestras de Laura; los médicos se turnan mensualmente, y la atención directa de los enfermos se encomienda a un grupo de jóvenes voluntarias, entre las cuales está Laura. Representa la mayor dosis de sacrificio: Enfermeras, cocineras, camareras, lo son todo: en medio de aquella pobreza y con instrumentos de trabajo los más rudimentarios, la higiene y el aseo resplandecen, pero sobre todo, la caridad.
Junto a Laura están: Ulpiana Gil Quiñones, Josefina Rojas, Dolores Olmo, Margarita Dorta, Socorro salmerón, y la señora Carmen Garbozo de Ayala, Eulogia Burgos colabora con la recolección de fondos económicos.
Titánica tuvo que ser la fe y la voluntad de aquel grupo de mujeres para mantener en pie esta obra de caridad común en tiempos tan crudos. La miseria se hace ley. A la baja mundial de precios de los principales productos nacionales de exportación, como el café y el cacao, tendrán que enfrentar el azote de enfermedades como el paludismo y la tuberculosis, y las invasoras nubes de langostas que arrasaron las siembras, base de la economía del país.
Laura reside en la calle Páez, muy cerca del hospital. Trabaja todo el día con los enfermos y a las 8 de la noche se retira a su casa, según exigencia de sus padres.
¿Dónde se han ido los sueños de Laura Alvarado de retirarse a la tranquila soledad de un convento para mejor servir a su Dios? Su pueblo, la Iglesia, los pobres, la necesitan aquí y ahora. Y ella se entrega con gran abnegación. Ocho años de servicio en aquel hospital la prepararon para mayores ascensos en la práctica de la virtud cristiana, especialmente de la caridad.
Y también de la humildad.

De 1894 a 1895 las jóvenes del Hospital trabajan bajo la dirección de la señora Juana de Motamayor, la cual fue sustituida por la señora Antonia del Castillo, ex-religiosa procedente de las Islas Canarias, a quien probablemente el padre López había conocido en el hospital Vargas de Caracas. "Misia Antonia" comienzan a llamar en el hospital a aquel nuevo personaje que entra en escena con el rol de directora y administradora.
¿Quién iba a imaginar que aquella nueva ecónoma sería un instrumento de purificación para Laura? Según afirmación personal de la protagonista, aquella feliz niña no conocía el sufrimiento, que desde ahora se hace presente con nombre y apellido.
En este importante momento de su vida, Laura abre su corazón virginal a la fecundidad de la cruz y sufre en silencio incontables pruebas por parte de "Misia Antonia", a quien ella, Laura, "quiere con toda su alma". "Era tremenda, me hacía sufrir, pero yo la quería mucho. ¡pobrecita!". Así son los santos. En la oscuridad de la prueba, resplandece la luz, y en el crisol se purifica el oro.
Cuando Doña Antonia se tornaba muy fastidiosa, las otras jóvenes desobedecían, no así Laura: ella lo ofrecía a Dios, por amor a sus pobres. El tiempo transcurría y la pobre víctima callaba. Nada confiaba a sus padres ni al sacerdote por temor de no poder continuar en aquella obra, "lugar de sus delicias" apostólicas.
De temperamento sensible y muy reservada, Laura enferma. Agudas crisis de asfixia llevan a temer por su vida. El Dr. Tabosqui ha dicho:
"Se nos muere la niña del Cristo"
Ante esta situación, doña Antonia muy preocupada, habla con el padre López Aveledo: Ella quiere prometer a Dios retirarse del hospital e irse a prestar sus servicios a un apartado lazareto, como en efecto lo hace.
Laura se recupera.
Posteriormente, cuando Laura toma el hábito religioso, le escribe una carta a doña Antonia, quien le responde y, entre otras frases, le expresa: "Yo comprendía que usted tenía vocación".
Por ello la Madre María, agregará: "Ella fue mi maestra, mi gran maestra".

El 5 de abril de 1899, el padre López Aveledo entrega a Laura la dirección y administración del hospital, del que hace su residencia. Está próxima a cumplir 24 años de edad.
Todas las noches, don Clemente se acerca al hospital a despedirse de su hija, quien no atreviéndose a recibirlo, le da las buenas noches desde la puerta. Piensa que su sacrificio como "consagrada a Dios" debe ser completo. Le preocupa mucho su padre y ora incesantemente por él. ¿Qué no haría ella por la salvación de su alma?
El 17 de diciembre de 1899 a las dos de la madrugada sostiene una fuerte lucha espiritual, en la que invoca a todos los santos de su devoción, hasta que, finalmente una voz interior la tranquilizó: - Te basta mi gracia. Su lacónica nota de ese día nada explica. Concluye escribiendo: "!Ah, Señor, habéis aceptado mi sacrificio! Bendito seas".
Transcurridos apenas 12 días, Laura recibe la noticia de que su padre ha sufrido una "congestión cerebral" severa. Parece estar muerto. Atribulada, corre a postrarse a los pies de la imagen de nuestra Señora de las Mercedes, a quien encomienda la salvación eterna de su padre. "No me levantaré de aquí -le dice- hasta que me concedas esta gracia". Ofrece a Dios el sacrificio de ayuno total y perpetuo por manos de María, refugio de pecadores. Su maternal intercesión no se hace esperar. Don Clemente reacciona y con plena lucidez mental recibe todos los sacramentos, incluso el del matrimonio. Tenía 55 años de edad.
Laura, pensando "por ignorancia que al estar ya consagrada al servicio de Dios, ya no podía ir a casa de su adorado viejo, llorando, llorando, lavaba las úlceras de mis pobres... hasta que empezó de nuevo la agonía, y el padre López me mandó; fui y estuve desde las 12 del día hasta las 3 de la tarde, cuando expiró. Enseguida, al hospital de nuevo".
¿Se relaciona esta promesa de ayuno absoluto con aquella experiencia del 17 de diciembre? Posiblemente.
Lo cierto es que Laura inicia esta nueva aventura de fe, alimentándose sólo con la comunión diaria. Es la Eucaristía quien milagrosamente la conforta en medio de las múltiples actividades y responsabilidades de su cargo. Así transcurren 10 años hasta que por obediencia el padre López Aveledo, a raíz de una enfermedad, mitiga su ayuno: su dieta fue mínima durante el resto de su vida.

El año 1900 en Venezuela es época de guerrillas. En Octubre de ese año un terremoto conmueve a todo el país. Poblaciones casi desaparecidas, familias desamparadas, templos derrumbados, actividades interrumpidas con los consiguientes trastornos públicos.
A nivel eclesial, al Arzobispo de Caracas, Monseñor Críspulo Uzcátegui, por motivos de salud es sustituido en sus funciones por el Vicario Provisor, Monseñor Juan Bautista Castro.
Contra el régimen del presidente Cipriano Castro, se suscitan sucesivas rebeliones hasta 1901, cuando estalla la sonada revolución "Libertadora", cuyo protagonista es el acaudalado hombre de negocios Manuel Antonio Matos, concuñado de Guzmán Blanco.
Junto a Laura y, animada por el mismo ideal de consagrarse a Dios, labora su fiel amiga Ulpiana Gil. Durante 8 años han trabajado dura y abnegadamente en el hospital y, previa oración y conversación con las dos jóvenes, el 22 de enero de 1901, el Padre López Aveledo funda con ellas la Congregación de las Hermanas Agustinas. A los pocos días se les agregan otras dos jóvenes: Francisca Rojas y María Félix Rodríguez.
Dada la convulsionada situación política del país, la comunicación con el arzobispado de Caracas, no era fácil. Necesitan la licencia para la vestición del hábito religioso y ellas, las jóvenes, querían vestirlo el próximo 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes. Por tal premura encomiendan el caso a la "abogada de lo imposible", Santa Rita de Casia, prometiéndole serían como ella, Agustinas.
La respuesta de Monseñor Juan Bautista Castro va dirigida al Padre López Aveledo: "Se me pide por una señorita llamada Laura María en unión de otras que la acompañan en el servicio el hospital de esa parroquia, permiso para vestir un hábito religioso. Si esto no presenta ningún inconveniente, lo concedo con gusto a esas buenas servidoras de los pobres".
Es tanta la estrechez económica que no alcanza la tela adquirida y Laura elige para ella el hábito usado de una piadosa señora, pariente suya.
Los nuevos nombres de las Hermanas son: María, Catalina, Francisca y Máxima, todas "de San José", patrón de la parroquia de Maracay.

Las abnegadas servidoras del hospital "San José" se han constituido en Congregación religiosa para los pobres. Oportunamente, el padre López Aveledo se presenta con su grupo de Hermanas ante el Vicario Provisor del arzobispado de Caracas, quien designa a Laura superiora. Ella obediente, acepta, y desde ese momento regirá los destinos de la Congregación hasta 1960, siete años antes de su muerte, siempre por obediencia.
El 13 de Septiembre de 1903, la Madre María emite sus votos perpetuos y, en acción de gracias, permanece hasta media noche de rodillas sosteniendo en su mano un cirio encendido. Tanta es su felicidad y su fervor.
Ese mismo año, el Padre López Aveledo presenta los primeros estatutos de la Congregación ante Monseñor Castro, explicitando la naturaleza y el fin de la misma, e informando de las obras atendidas hasta ese momento.
El origen de la nueva Congregación de Agustinas se remite a "varias señoritas de esta ciudad (Maracay), quienes en su ardiente celo por la gloria de Dios y el bien de las almas, y siguiendo el impulso interior de la gracia y un deseo afectuoso de corresponder a ella, se sintieron incitadas a poner los medios para conseguir la perfección en una vida retirada de oración, en el servicio de los desgraciados pobres de nuestro Señor Jesucristo, declarándose esclavas de sus hermanos indigentes". Y con "el contentamiento de los venerables párrocos atienden los hospitales de Maracay, La Victoria y Villa de Cura".
La revolución "Libertadora" ha agotado cuantiosos recursos humanos y económicos. Sangre y fuego, miseria y dolor, conforman el panorama nacional. Allí va la Madre María con sus Hermanas, al cuartel general de Cagua, a atender dos hospitales de campaña con centenares de heridos cada uno. Son apenas diez Hermanas que deben multiplicar sus esfuerzos para todos, los partidarios del gobiernos y los del bando contrario. Pasan luego al cuartel de Maracay y en el hospital "San José" atienden 150 hospitalizados. Un hermoso testimonio de caridad cristiana.
No hay que olvidar que para estos años Laura está observando su ayuno absoluto, por lo cual no es extraño que en una ocasión, mientras se trasladaba a pie por el campo en compañía de la Hermana Francisca para ir a atender los heridos, hubieran de solicitar ayuda en una humilde casa.
Como si fuera poco, en 1904 cunde la epidemia de viruela, enfermedad infecto-contagiosa que exige el aislamiento de los pacientes. A esos "degredos" se traslada la Madre María con sus Hermanas. "El 15 de Agosto ya estábamos instaladas con nuestros pobres enfermos... Recuerdo con alegría esos hermosos días llenos de penas y amarguras".

¿No es lógico que de estos flagelos sociales surgieran dolorosas consecuencias? Ahí tenemos en las clases populares, serias situaciones de orfandad, niños sin hogar. Ella, la Madre María, que desde niña soñaba ser la "mamaíta" de un centenar de niños pobres, comienza a trabajar en este sentido. Los adultos necesitan hospitales, pero los niños una familia, un hogar lleno de afecto. Será ésta su obra predilecta.
Quiere fundar el primer asilo para huérfanos. El padre López duda de que pueda sostenerse. Ella lo anima a confiar en la divina Providencia. En el mismo hospital "San José" destina para ellos un espacio. Reúne un grupo pequeño de los más necesitados y el 24 de Mayo, bajo la protección de la Madre de Dios, funda el "Asilo Inmaculada Concepción" en la ciudad de Maracay. Es el año 1905. Desde entonces, la Madre María se traslada con sus niños a una casa alquilada por Bs. 40, cancelando semanalmente "lo que buenamente podía".
Aquella obra era un reto. El padre López la había autorizado diciendo: "Si dura un mes y se sostiene, le aseguro su duración".
La Madre María con satisfacción informa que, a pesar de todo, ni un sólo día sus huérfanos se han acostado sin alimentarse: la dieta básica era el topocho (cambur), cocido, asado o frito; con dos bolívares se preparaba un hervido o carne molida, y en temporada de mangos, el delicioso fruto servía de postre.
Inicialmente, y por la necesidad imperante, los "hogares" de la Madre María, fueron mixtos, hasta que la autoridad eclesiástica intervino y ella obedeció dejando sólo las niñas, aunque como ella expresa: con gran dolor.
Los huérfanos van en aumento; la casa alquilada en la calle llamada de la estación, hoy Soublette, es ya insuficiente. El Señor Francisco (Pancho) Gómez, antiguo benefactor del hospital, le cede su vieja casa en la calle Santos Michelena y a ella se traslada en 1906. Esta casa se convierte en Casa Madre, noviciado y Casa de ejercicios espirituales para las Hermanas de la Congregación.
Los niños se acostumbraban a llamarla "Mamaíta". Los educa, los enseña a reír, a jugar, a comer a la mesa con cubiertos. Es feliz en medio de ellos. Además de las Hermanas, junto a ella está su madre, doña Margarita, a quien los niños llaman "abuelita". Al padre López le dicen "papá mío". Es un hogar.
¿Qué pretende la Madre María con estos hogares para huérfanos? Ella lo determina en sus estatutos: Librarlos de los peligros a los que se hallan expuestos, educarlos cristianamente y enseñarles algún oficio concerniente a su sexo.

Caminos que se cruzan, largos y monótonos, polvorientos o agrestes; carros de mula, jornadas a pie; travesía de ríos; sencillas goletas recorriendo mares; pobrísimas viviendas, "casuchas destartaladas" en más de una ocasión; comienzos inauditos. Son estos, avatares que se suman silenciosos al haber fundacional de la incansable Madre María de San José.
En la medida de las necesidades y de sus posibilidades, apremiada por esa gran virtud de la caridad cristiana, y fundamentada en la confianza filial al Padre Dios, va trenzando una red de obras apostólicas y sociales en favor de los desposeídos: Acá, asilos para mendigos que deambulan por las calles; allá escuelas nocturnas para empleadas domésticas; hoy, hospitales y antituberculosos; mañana, casas maternas, orfanatos, escuelas populares; evangelización permanente, impartida en los pueblos, en las cárceles y en los campos; catequesis en las parroquias y en las escuelas, y en algunos sitios, catequesis nocturnas.
Por todos los sitios donde le es posible llegar, va distribuyendo sus comunidades de caridad, y junto con ellas, la presencia eucarística. Insiste una y otra vez hasta que la autoridad eclesiástica le concede las requeridas licencias para instalas la divina Majestad en sus casas.
"¡Un sagrario más! Ya las penas y pobrezas serán aliviadas con la dulce presencia del Dios de nuestros altares, la por siempre amada, la adorable Eucaristía". ¡Cuánto se lamentaba cuando, por circunstancias que no dependían de ella, debía cerrar una de las obras benéficas!: era cerrar la puerta de caridad y ¡un sagrario menos!
Hasta 1917 gozó del asesoramiento y apoyo del padre López Aveledo: En abnegado ejercicio de su ministerio pastoral, contrajo la tan temida tuberculosis, para entonces enfermedad mortal. Por orden del General Gómez quien residía y gobernada al país desde Maracay, fue trasladado con sus hermanas a la ciudad de Los Teques, donde después de un verdadero calvario sufrido con heroica virtud, falleció el 30 de Enero de 1917, dejando una luminosa estela de santidad.
En su lamentada ausencia, la Madre María recibirá la fiel y afectuosa orientación de uno de sus más ilustres hijos espirituales: Monseñor Hilario Cabrera Díaz, vocación sacerdotal cultivada por el padre López Aveledo.
A la hora de su muerte en 1967 el balance de sus fundaciones era: catorce hospitales de caridad; dos antituberculosos, un leprocomio, dos albergues para mendigos, once centro socio-educativos (orfanatos-escuelas) dos casas maternas y una escuela nocturna para domésticas.
No le faltó visión para extender su obra a otros países; pero sus intentos no se consolidaron.

En un intento de esbozar la espiritualidad de la Beata Madre, necesariamente todo converge hacia la Eucaristía, centro de su vida y su quehacer; de su inmolación y de su esperanza; de sus gozos místicos y de su fortaleza. En ella quiso vivir y en ella morir.
Desde sus 13 años declaró: "En la Eucaristía está mi tesoro y en ella está mi corazón" Y ya religiosa, con un sentido mucho más profundo y sacrificial, estampó así su ideal:
"Cual pura hostia yo quiero
inmolarme y por tu amor,
ofrecerme en sacrificio
a cada instante, Señor"
Y esa fue su vida: una hostia de pureza, de amor, de sacrificio, en apasionada identificación con su adorable Eucaristía.
De ahí parecen desprenderse todas las virtudes que la llevaron indeclinablemente a la santidad: el amor a la cruz, la humildad profunda, casi anonadamiento, el silencio y la paz; su espíritu de recogimiento y de oración, de contemplación, de adoración y de reparación; su extraordinaria capacidad de amistad y de servicio, por la que supo darse en comunión; su probada esperanza del cielo; su amor filial a la santísima Virgen "tabernáculo purísimo" de Jesús, y por sobre todas estas facetas, la caridad.
Diez años de su joven y dinámica vida transcurrieron en absoluto ayuno, alimentada sólo por la comunión diaria. Prefería "mil muertes antes que dejar de comulgar un sólo día", tanta era su sed del Dios sacramentado.
La elaboración de las hostias era una de sus tareas más apreciadas, actividad que ejercerá casi hasta su muerte porque "confeccionar hostias es multiplicar comuniones".
¡Cómo deseaba que "todos los papas, cardenales, obispos y sacerdotes encendieran al mundo en amor de la adorable hostia!".
Si la Eucaristía fue su centro, el bautismo fue la base de toda su trayectoria espiritual. Gozaba de sentirse hija de Dios y de la Iglesia, heredera del cielo. Cada año conmemoraba con un retiro espiritual la gracia de su bautismo.
Bautismo, Eucaristía y consagración religiosa, fueron para ella la fuente profunda de su alegría permanente, de su felicidad, hasta el punto de exclamar: "Quisiera vivir y morir cantando el Magníficat", alabando a Dios.

En el transcurso de su avanzada existencia, la Beta Madre sufrió serios trastornos de salud que hicieron temer por su vida. Sin embargo, el Señor la retuvo en esta tierra hasta los 92 años de edad. Ansiaba morir, pues el temor de perder a su Dios y Señor fue para ella motivo de íntimo sufrimiento.
Por obediencia gobernó la Congregación hasta los 85 años. Durante el capítulo general de 1960, dando muestras de gran humildad, entregó el cargo a su sucesora, la Hermana Águeda Lourdes Sánchez, a quien acompañó en sus primeras visitas a las casas locales.
Pasados tres años, sufre trombosis en una pierna. Se siente muy mal y previendo un desenlace, pide la sepulten en la vieja capillita del asilo, cerca del altar de la Eucaristía: "Quiero -expresó- que aún mis huesos permanezcan dando gracias y alabando al Dios que tanto he amado en la tierra".
Después de otros trastornos de salud que va superando, el 2 de Junio de 1966, presenta bronconeumonía y el médico le indica reposo. Desde su habitación, cercana a la capilla, se une a todos los actos de comunidad. Durante la semana santa de 1967, mejora un poco y participa en el ejercicio del Vía-crucis de rodillas y con los brazos extendidos en forma de cruz. El martes de resurrección recibe la comunión en la capilla y permanece dando gracias en el reclinatorio desde las 6 y 30 hasta las 9 a.m., con un breve paréntesis para el frugal desayuno, a instancias de las Hermanas. Constantemente repite: "¡Ay, Dios! ¿por qué no te aman como mereces? ¡El amor no es amado!"
Durante esos días finales, el obispo de la diócesis, Feliciano González y algunos sacerdotes, celebran la Eucaristía en su habitación. En un momento dado, y como gesto de cariño, Monseñor se quita el pectoral y se lo coloca a la Madre María.
Hasta sus últimos instantes, la Madre recomienda a sus hijas: "¡Caridad, caridad! Nada es este mundo en comparación de la gloria que nos espera". Suplica que a la hora de su muerte canten a la santísima Virgen y coloquen sobre su pecho una cruz color nogal con dos azucenas entrelazadas con una cinta blanca, todo un símbolo de pureza y mortificación: las dos virtudes que caracterizaron al santo del día de su bautismo, el rey San Eduardo, a quien ella dirigía especial súplica, según consta en sus apuntes espirituales.
Sus últimas palabras fueron: "Soy toda de Dios. Que Él haga conmigo lo que quiera". Después de bendecir a las Hermanas y posando la mirada en el crucifijo, entregó su espíritu el 2 de Abril de 1967, 2do., domingo de pascua, a las 12 del día.

La prensa local y nacional anuncia con grandes titulares el fallecimiento de esta insigne mujer venezolana. Miles de personas desfilan reverentes ante su ataúd. "Ha muerto una santa" es la voz popular. Todos quieren tocar objetos piadosos a su venerado cuerpo a manera de reliquias. Una familia pide la curación de su anciano padre que desde hace varios años está imposibilitado para caminar y, sin tardanza, recibe la gracia solicitada. El anciano profesor de Valencia, se arrodilla para dar gracias a Dios.
Ese mismo domingo, 2 de abril a las 8 p.m., Monseñor Feliciano González celebra misa de cuerpo presente y concede facultades a todos los sacerdotes para celebrar el Santo Sacrificio a cualquier hora del día o de la noche en la capilla del asilo donde el cuerpo permanece durante 3 días en capilla ardiente. La afluencia de personas procedentes de distintos sitios de Venezuela exige que las puertas del asilo permanezcan abiertas día y noche.
Miembros del Cuerpo de Bomberos de Maracay, Valencia y Los Teques, hacen guardia de honor. Religiosas, asociaciones, grupos de estudiantes, acompañan el féretro. Venezuela está de duelo.
El 3 de abril, a las 10 a.m., los Agustinos Recoletos presididos por el padre Carmelo Lerga, concelebran un solemne funeral. La Madre en su ataúd parece de cera.
El sepelio se realiza el martes 4 de abril, a las 4 de la tarde, con la presencia de autoridades civiles, religiosas y militares. Maestro de ceremonias es el Reverendo padre Hartwigo, benedictino.
A la hora indicada, el cortejo fúnebre se dirige a la catedral acompañado por las bandas de Música del Estado y de la Marina, mientras una escuadrilla de la Fuerza Aérea, desde la altura lanza pétalos de flores.
La solemne concelebración en la catedral estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Monseñor Feliciano González, acompañado de Ángel Pérez Cisneros, obispo de Barcelona y Juan José Bernal, arzobispo-obispo de Los Teques; los padres Agustinos Recoletos y miembros de otros institutos religiosos, más un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos.
Luego de póstumo homenaje, su cuerpo fue sepultado en la antigua capilla del asilo, calle santos Michelena, N°14, bajo una blanca lápida de mármol que dice: "La Eucaristía fue el centro de su vida. Bebió en la misma fuente la santidad que transmitió a sus hijas. Su palabra suave y delicada llevó consuelo y paz a los hombres. Su vida fue un servicio. Su mensaje-testamento: Unidos en Cristo por una sincera caridad".

Las gracias y favores obtenidos por la intercesión de la Madre María, se multiplican en la patria y fuera de ella. Su fama de santidad se acrecienta de día en día. Los Agustinos Recoletos estimulan e instan a la apertura de la causa de canonización. En 1978 el Capítulo General de la Congregación para entonces presidida por la Madre Guadalupe Velasco Martínez, determina solicitar la debida autorización. El padre Eugenio Ayape, pese a que reside en España, acepta gustoso ser el promotor de la causa. En Venezuela, la Congregación de las Agustinas Recoletas asume la responsabilidad del caso y trabaja intensamente en la investigación histórica, recopilación de datos, testimonios y documentos, y publica varias obras de carácter divulgativo. Todo con la aprobación de las autoridades eclesiásticas del país.
En 1982, la Hermana Teresa Silva miembro de la Congregación de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, después de 26 años de enfermedad y 4 de invalidez, alcanza repentina y total curación, atribuida a la intercesión de la Madre María de San José: A los 50 años de edad la Hermana fue sanada de osteoartrosis. Este mismo año y por invitación del gobierno general, queda constituido postulador de la causa, el padre Romualdo Rodrigo, Agustino Recoleto, abogado para las causas de los Santos en el Vaticano.
El proceso de virtudes de la Madre María se inicia en 1983. Se introduce también el caso de la Hermana Teresa y se recaban las pruebas testificales y documentales. Después de haber declarado Venerable a la Madre María el 7 de Marzo de 1992, su Santidad Juan Pablo II publica solemnemente el decreto de la aprobación del milagro el 23 de diciembre de 1993, previo estudio y unánime aprobación de los expertos: médicos, teólogos y cardenales.
El decreto papal deja abiertas las puertas a la beatificación. Por tal motivo, cumplidos los requisitos de ley, y en presencia del obispo de Maracay, Monseñor José Vicente Henríquez Andueza, el padre Romualdo Rodrigo, postulador de la causa, la Madre Ligia Díaz R., el Vicario de los Recoletos y el gobernador de Aragua, más otras personalidades, se procedió a la exhumación de los restos el 19 de enero de 1994 a las 9 de la mañana, hallándose su cuerpo incorrupto.
No dejó de ser un hecho desconcertante: En medio de la destrucción casi total de la urna de madera, por la humedad del subsuelo, su cuerpo intacto con el atuendo religioso en perfectas condiciones y la cruz de madera junto al tallo del ramo de azucenas con las hojas aún verdosas. Al trascender la noticia, el pueblo se volcó a la capillita.
A solicitud de las Hermanas Agustinas, un equipo de profesionales (especialistas médicos, patólogos, antropólogos físicos y en escultura facial) bajo la dirección del doctor Enrique Aponte Viloria, se encargó de estudiar y someter el cadáver a técnicas especiales de preservación, para luego ser expuesto a la veneración de los fieles.

= Extraordinaria capacidad de organización y realización.
= La humanidad personificada en un continente de modestia corporal y espiritual.
= Permanente apertura a Dios, desde la conciencia absoluta de su nada. Interioridad y trascendencia.
= Contemplativa y activa; divina y humana.
= Simplicidad evangélica. Sencillez radiante, que sabía ocultar los grandes dones.
= Familiaridad con el universo espiritual, cuyo sol era la divina Eucaristía.
= Conciencia gozosa de su consagración a Dios como ESPOSA. Fidelidad constante.
= Espíritu de austeridad, de sacrificio y de trabajo. AYUNO perpetuo.
= Silencio y ponderación. Prudencia.
= Tenacidad admirable en su propósito de santidad.
= Vida teologal. Continua aspiración al cielo, a la posesión de Dios.
= Fortaleza en las dificultades y tentaciones, factor notable en su vida.
= Amor filial y obediencia a la Iglesia y a sus ministros, al Santo Padre.
= Bases de su espiritualidad: el bautismo y la eucaristía.
= Caridad indiscriminada, extremada con los más pobres y necesitados.
= Gozo espiritual, paciencia y paz.
= Identificación con la divina Eucaristía: ofrenda de su vida por los pecadores, por Venezuela, por la Iglesia.
= Dones especiales y fenómenos místicos desde su juventud.
= Femenina y enérgica; delicada, pulcra y ordenada.
= Espíritu de piedad. Amor filial a la Stma. Virgen y a los santos.
= Su persona hacía presente a Dios en la tierra.
= Ya en vida, la gente la veneraba como santa.

= "Quiero se santa, pero santa de verdad".
= "Siempre estoy muy bien, con mil penas y amarguras, pero ¡adelante! Como Dios sea glorificado, nada me importa".
= "No es sufrir lo que tiene mérito, sino saber sufrir"
= "Soy hija de la santa Iglesia, y estoy dispuesta a dar mi vida por defenderla".
= "Gracias, Jesús de mi alma, por mi santa vocación, gracias mil, pues desde mis tiernos años, tu gracia me ha acompañado".
= "¡Adelante, Jesús mío!. El ideal que persigo eres tú y sólo tú. Nada me arredra".
= "El orgullo no nos deja seguir las inclinaciones que el divino Espíritu desea. Es necesario orar siempre".
= "Ojalá todos los papas, cardenales, obispos y sacerdotes encendieran el mundo de amor de la adorable Hostia".
= "Bien lo sabes, Amado de mi alma, que mi vida eres tú y que tu Cuerpo adorable es todo para mí".
= "Hay que apartar todo cuanto nos separa de Dios. Que nuestro corazón sea de Él, sólo y sólo de Él".
= "El amor de Jesucristo embargue todo su ánimo y ocupe todo su corazón... Cuando el amor de Jesús, y de Jesús sacramentado, ocupe todo nuestro corazón, entonces experimentaremos felicidad completa y tranquilidad en el alma".
= "Sin sacerdote no hay Eucaristía: !Qué amargura siente el alma cuando en los pueblos falta el Alma de las almas".
= "No estoy cansada ni agotada, mi espíritu lo siento como en mis 17 años".
= "Dios mío, ¡qué grande es el valor de un alma! ¡Cómo quisiera evitar la pérdida de tantos que te ofenden!".
= "Trabajemos y pidamos la fidelidad hasta el último suspiro".

Choroní:
1875: Nacimiento de Laura en casa del Gral. Funes, calle Miranda, N°18
1875-1888: Habitación de la familia Alvarado Cardozo (desaparecida). Calle Miranda frente a la vivienda de la familia Funes. En su lugar está hoy la casa del señor Oscar Díaz Punceles.

Maracay:
¿Años? Su casa de familia en la calle Páez, esquina La Rosa, s/n. Testimonio de la señora Carmen Elena Cabrera, sobrina de Monseñor Hilario Cabrera, y quien lo recibiera directamente de la Beata Madre.
1899-1905: Sede del Hospital "San José", antigua casa de las hermanas Yépez en la calle Miranda cruce con Sucre, sustituida por moderno edificio donde actualmente funciona el Ciclo Básico Aragua.
1905-1906: Sede fundacional del asilo de huérfanos "Inmaculada Concepción" casa de la señorita belén León, en la calle Soublette Norte, antes llamada de la estación (Gran Ferrocarril de Venezuela). La casa correspondía a lo que hoy constituye el estacionamiento del centro comercial 19 de Abril (CADA). Testimonió la ubicación exacta el señor Gregorio Liendro, para entonces vecino del asilo, confirmada en datos de Registro.
1906-1939: Nueva y definitiva sede del asilo de huérfanos, casa donada por el señor Francisco (Pancho) Gómez a la Madre María de San José; calle Santos Michelena N° 14 frente al Ateneo.
En esta casa se consolidó la Congregación fundada en 1901. Fue casa madre y casa de formación, entrañablemente amada por la Beata María, donde vivió sus más íntimas y profundas experiencias fundacionales y donde pidió ser sepultada.
1939-1967: Antigua sede del Ministerio de Guerra y Marina, calle López Aveledo entre Bolívar y Santos Michelena, contigua a la anterior, cedida por el general Eleazar López Contreras, entonces presidente de la república, para extensión de la obra, y donde actualmente funciona la Escuela "Madre María".
En esta casa falleció la Beata Madre el 2 de abril de 1967, después de haberla santificado con su presencia, su oración y su trabajo durante 28 años consecutivos. Allí fue expuesto su féretro en capilla ardiente durante tres días.

1875 - 25 Abril: Nace en Choroní Laura Evangelista, hija de Clemente Alvarado y Margarita Cardozo.
1875 - 13 Octubre Bautizo en la Iglesia Parroquial de Choroní.
1892 - 8 Diciembre: Voto perpetuo de virginidad en la Iglesia de Maracay.
1893 - 3 Noviembre: Fundación del hospital "San José" de Maracay. (Padre López Aveledo)
1899 - 5 Abril: Laura es nombrada Directora y administradora del hospital.
1899 - 29 Diciembre: Muerte de don Clemente y promesa de ayuno perpetuo.
1901 - 22 Enero: Fundación de la Congregación Religiosa de Agustinas.
1902 - 1 Mayo: Fundación del hospital "San Vicente" en La Victoria.
1902 - Fundación del hospital "Santo Domingo" de Villa de Cura.
1903 - 13 Septiembre: Votos perpetuos.
1904 - 15 Agosto: Asistencia de los variolosos en aislamiento fuera de la ciudad.
1905 - 24 Mayo: Fundación del primer Asilo de huérfanos de Maracay.
1909 - 1 Marzo: Fundación del hospital "Santa Ana" de Coro.
1910 - Junio: Fundación del hospital "Mercedes" de Calabozo.
1917 - 30 Enero: Muerte del padre López Aveledo en Los Teques.
1918 - Julio: Se encargan las Hermanas del asilo de huérfanos de Barquisimeto.
1919 - 21 Junio: Fundación del hospital Antituberculoso de Los Teques "Padre Cabrera"
1927 - 4 Marzo: Fundación del hospital "San Agustín" en San Felipe.
1927 - 17 Septiembre: Aprobación diocesana de la Congregación.
1933 - 14 septiembre: Las Hermanas son llamadas del hospital Municipal de Puerto Cabello.
1935 - 18 Septiembre: Fundación de la Casa "Divina Pastora" en Caracas.
1937 - 14 Agosto: Fundación del hospital "Joaquín Rotondaro" de Tinaquillo.
1939 - La Congregación se encarga del hospital "Acosta Ortíz" de San Fernando de Apure, al sur de Venezuela.
1940 - Servicios en el leprocomio de Cabo Blanco (Distrito Federal)
1942 - 2 Febrero: Fundación del asilo "Nuestra Señora de Coromoto" para huérfanos de Coro.
1942 - 17 Diciembre: Traspaso de personal del antiguo hospital "Santa Ana" al Antituberculoso "Antonio Smith" de Coro.
1942 - 2 Julio: Fundación del Colegio "Inmaculada Concepción" de Maracay
1942 - 16 Julio: Fundación "Casa de la Misericordia" en Maracaibo (niñas).
1945 - Septiembre: La Congregación se encarga del Asilo de mendigos "Dr. Beajón" en Coro.
1945 - 2 Septiembre: Fundación de la escuela "Madre María" en una barriada de Barquisimeto.
1946 - 1 Abril: Creación de una Casa Materna y Escuela Nocturna para Domésticas en Valencia, estado Carabobo.
1947 - 27 Enero: Fundación en Nirgua del Colegio "Ntra. Sra. de las Victorias".
1947 - 28 Enero: Muerte de su Madre, doña Margarita.
1947 - 1 Febrero: Fundación en Maracaibo del colegio "Ntra. Sra. de Coromoto"
1950 - 30 Enero: Traslado de los restos del padre López Aveledo, al colegio "Divina Pastora" de Caracas.
1950 - 19 Marzo : Fundación de la casa "María Briceño" para niñas de madre tuberculosas, Los Teques.
1950 - 21 Mayo: "Hermanas Terciarias" de los Agustinos Recoletos.
1951 - Reciben el Patronato, Nuestra Sra. de Guadalupe, en Coro.
1952 - 28 Agosto: Fundación de albergue de hijos varones de tuberculosos ("Ntra. Sra. de Fátima")
1952 - Septiembre: Fundación del Colegio "Ntra. Sra. de Coromoto", La Victoria.
1952 - 15 Noviembre: Aprobación pontificia de la Congregación.
1954 - 11 Febrero: capítulo general en el que la Madre María es ratificada en el cargo de superiora General.
1954 - 1 Agosto: Fundación del Colegio "Santa Rita" de Caracas.
1955 - 14 Abril: Reciben las Hermanas el hospital de Yolombó, Colombia.
1955 - Diciembre: Fundación de la escuela "Santa Clara" de Choroní.
1956 - 19 Marzo: Fundación de la escuela "Padre López Aveledo" de Tinaquillo.
1956 - Septiembre: Fundación de la escuela "Madre María" en El limón, Maracay.
1958 - 28 Agosto. La Congregación recibe la escuela parroquial de Palmira, Táchira.
1958 - Septiembre: Fundación de una escuela en Las Mercedes, estado Guárico.
1960 - 15 Enero: Se encargan del albergue para mendigos en Valencia, "Santa Eduviges"
1960 - 27 Febrero: Cesa en el ejercicio del gobierno general de la Congregación.
1966 - 2 Junio: Diagnóstico de la enfermedad que le ocasionaría la muerte.
1967 - 2 Abril: santa muerte en Maracay a los 92 años de edad.
1967 - 4 Abril: Solemnes honras fúnebres después de tres días en capilla ardiente.
1978 - 28 Agosto: El capítulo general de la Congregación determina dar los pasos previos a la Causa de Canonización.
1982 - 17 Septiembre: Curación presuntamente milagrosa de la Hna. Teresa Silva.
1983 - 9 Octubre: Instrucción del proceso en Maracay sobre vida y virtudes (Sierva de Dios)
1992 - 7 Marzo: Promulgación del decreto papal sobre heroicidad de virtudes (Venerable)
1993 - 23 Diciembre: Aprobación del milagro según decreto de Juan Pablo II.
1994 - 19 Enero: Exhumación de sus restos mortales en Maracay.
1994 - 17 Septiembre: Traslado de su cuerpo al sarcófago de cristal para veneración de los fieles.
1995 - 7 Mayo: Solemne ceremonia de Beatificación. En la Plaza San Pedro del Vaticano. Roma

Nota: en nuestro lenguaje Congregacional, el término "Fundación" se aplica a cada nueva obra que la Congregación asume bajo su responsabilidad, ya sea creada directamente por sí misma, ya sea que la reciba incipiente de manos del Gobierno o de particulares.
Las respectivas fechas de las fundaciones están tomadas de los manuscritos originales de nuestra Beata María y complementadas con los apuntes de quien fuera su secretaria general, Hna Arcadia María, en "Trozos de una historia" (25 de Abril de 1945), más algunos del archivo de la Congregación.

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