ESTUDIO DEL MILAGRO



     Simultáneamente al proceso sobre vida y virtudes de la Madre María de San José, se había instruido el proceso sobre la presunta curación milagrosa de la religiosa agustina, Teresa Silva, efectuado en 1982 y atribuido a la Fundadora.
     Después del exhaustivo y riguroso estudio, el equipo de médicos, teólogos y cardenales aprobaron por unanimidad el milagro que presentado luego a S.S, Juan Pablo II, éste le da aprobación formal mediante decreto del 23 de diciembre de 1993.


LA HERMANA TERESA NOS NARRA EL MILAGRO
(Tomado del libro "Madre María de San José" de la Hna. Dilia Barrios)
     Nací en Pamplona, Colombia. por intermedio de las hermanas de los Ancianos Desamparados conocí la Congregación venezolana de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, fundada en Maracay por la Madre María de San José.

     Ingresé en dicha Congregación el 4 de junio de 1952 cuando me acercaba a los veinte años de edad. En Maracay funcionaba la Casa Generalicia y por tanto era la sede de nuestra querida Madre maría, a cuyo lado tuve la gracia de vivir durante 15 años consecutivos hasta su fallecimiento.
Es más, toda mi vida religiosa ha transcurrido en esta casa en la cual funciona además el Asilo de huérfanos.

     A partir del año 1954 comencé a padecer trastornos de salud por lo que hube de ser sometida a repetidos tratamientos médicos y sucesivas intervenciones quirúrgicas. En 1966 sufrí una caída y como consecuencia fue necesaria la adaptación de un aparato ortopédico y corset permanente para la columna.

     En 1978 al ver que perdía cada vez más la facultad para caminar y movilizarme, la Congregación decidió someterme a una operación de columna, la cual se realizó en la Clínica metropolitana de caracas cuyos resultados inmediatos fueron satisfactorios; pero a los dos meses y medio volví al mismo estado, viéndome obligada a usar silla de ruedas y luego a caer en cama sufriendo múltiples dolores e incomodidades, que me privaban del apetito y del sueño.

     Preocupadas las Hermanas acudieron de nuevo a los médicos de Caracas quienes les informaron que se trataba de osteortrosis, sin esperanzas de curación o mejoría, ni siquiera de un eficaz tratamiento. Era algo irreversible. En realidad, los exámenes previos a la operación revelaron "signos de osteoartrosis y rotoescoliosis en columna dorso lumbar". Con el transcurrir del tiempo avanzaba mi mal: agudos dolores y progresivo bloqueo de las caderas, rodillas y pies; luego en los hombros y codos. Últimamente, hace más de un año, renuncié a confeccionar flores artificiales porque no sentía fuerza en las manos para manejar los instrumentos. Con la ayuda de distintos calmantes lograba obtener un alivio pasajero.

     Al acercarse la fecha de mi cumpleaños recordé con alegría que en cierta ocasión nuestra Madre me aseguró que si llegaba a los cincuenta años, de ahí en adelante tendría salud. Yo me reí pues me parecía un imposible, y le dije: _Madre, ¡con tantas operaciones? Ella insistió: Usted verá...

     El 14 de septiembre de 1982, cuando habían transcurrido dos meses de haber celebrado mi quincuagésimo aniversario, el señor obispo de Maracay, Feliciano González, entregó a nuestra superiora general, madre Guadalupe Velasco, la carta postulatoria requerida para iniciar el proceso de beatificación de nuestra Madre María. La comunidad determinó reunirse esa tarde junto a su tumba para dar gracias a Dios; yo también quise participar y me hice conducir en la silla de ruedas. Allí estuve a solas por espacio de una media hora, y le dije: "Madre mía, acuérdate lo que me prometiste. Tú, tanto amor en la tierra conmigo y ahora que estás en el cielo, ¿nada?" Siempre me encomendaba a ella para que me alcanzara la fuerza y la gracia en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

     Al día siguiente 15, me sentí morir, de manera que no me fue posible levantarme ni para asistir a misa. En el transcurso del día 16, se me presentaron varios síntomas, entre ellos experimenté un hormigueo en las piernas que iban recobrando el calor perdido, y por la tarde me rendí en un profundo sueño hasta el siguiente día viernes 17, aniversario de la aprobación diocesana de nuestra Congregación. Al oír la señal de la campana para levantarse la comunidad, instantáneamente me incorporé en la cama, lo que me sorprendió sobremanera al caer en la cuenta de ello; intenté bajarme y pude hacerlo con facilidad; dí tres pasos apoyada en la silla de ruedas y al ver que realmente podía caminar, tiré lejos la silla y llamé a la comunidad, la cual acudió a mi habitación.

     Ya en presencia de todos los de la casa, comencé a caminar expeditamente. El asombro fue general. Yo me emocioné y derramé algunas lágrimas, agradeciendo a Dios Nuestro Señor tan inmenso beneficio. las hermanas no hacían sino mirarme asustadas. era una realidad, no era un sueño.

     Notificamos lo sucedido a la Madre Guadalupe en Los Teques y al señor obispo de Maracay quienes aconsejaron como primera medida una visita al médico en Caracas. Asó lo hicimos. Los exámenes médicos y radiografías lo confirmaron: estaba inexplicablemente curada. La noticia voló como chispa en cañaveral, dando por resultado una incesante peregrinación de personas a la tumba de nuestra Madre María.

(Fdo.) Hermana Teresa Silva