HOMILÍA DEL PAPA EN ROMA
7 DE MAYO DE 1995

(Tomado del boletín informativo, número extraordinario).



     "Yo les doy la vida eterna" (Jn. 10,28). Las palabras de Cristo, buen Pastor, que hemos escuchado en el pasaje evangélico de hoy, constituyen una introducción maravillosa a la solemne liturgia que la Iglesia celebra hoy en Roma, en la Plaza de San pedro: la beatificación de cinco siervos de Dios, hijos de diversos países y continentes...
     Un saludo del todo especial va al presidente de la república y a los representantes del Episcopado y de la iglesia en Venezuela. La Beata María de san José, en el siglo Laura Alvarado Cardozo, que hoy viene elevada al honor de los altares, es en efecto, la primera beata de ese gran país, que se enorgullece de tener una larga tradición católica.
     Este acontecimiento de enorme importancia, representa casi un nuevo comienzo en la vida de esa Iglesia particular. En cierto sentido, los santos y los beatos confirman la madurez de la comunidad cristiana. En ellos la Iglesia se expresa de modo definitivo como Pueblo de Dios unido por el amor del padre, del Hijo y del Espíritu santo. precisamente, este amor trinitario se manifiesta portador de frutos en la santidad del hombre...
     La liturgia de este cuarto domingo de Pascua ilustra precisamente el misterio de la redención mediante la imagen del Buen Pastor (Jn 10,27-30). En el marco de esa espléndida síntesis de la verdad revelada, nos detenemos ahora para reflexionar sobre la espiritualidad de los siervos de Dios que hoy son proclamados beatos.
     La beata María de san José Alvarado cardozo, descubrió desde muy niña el amor a la Eucaristía en la que encontró el carisma distintivo de su espiritualidad. Pasaba largas horas del día y de la noche ante el sagrario. Durante toda su vida elaboró con sus propias manos miles de formas para distribuirlas gratuitamente a los sacerdotes. Este ejemplo es seguido aún por sus hijas, que ofrecen hoy las formas para esta santa misa.
     Su amor ilimitado a Cristo eucaristía la llevó a entregarse al servicio de los demás necesitados, en quienes veía a Jesús sufriente. Para ello fundó en Maracay la congregación de Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, dedicada a la asistencia de los ancianos y de los niños huérfanos y abandonados. La caridad, virtud en la que más se distinguió la Madre María de san José, la movía a repetir continuamente a sus hijas: "Los desechados de todos son los nuestros; los que nadie quiere recibir, esos son los nuestros". Su sólida piedad anclada en la Eucaristía y en la oración , estaba enriquecida por una tierna devoción a la Virgen maría cuyo nombre tomó y a quien emulaba diciendo: "Desearía vivir y morir cantando el magníficat".
     El testimonio de esta mujer sencilla de nuestro tiempo invita a todos y en particular a los amados hijos e hijas de Venezuela, a vivir fielmente el Evangelio (...)
     "Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos (...). El Señor es bueno, su misericordia es eterna (Salmo 100,4). Esta exhortación se dirige a todos nosotros. De modo particular parece referirse a quienes, a partir de hoy, la Iglesia llama beatos: Agustín Roscelli, María de San José Alvarado Cardozo, María Elena Stollenwrk, María Dominga Brun Barbantini y Josefina Gabriela Bonino (...)
     La herencia de los beatos es la felicidad eterna, dado que están definitivamente unidos a Cristo en la gloria. El Cordero (Jesús) está delante del trono en la gloria del Padre, y aquellos a quienes conduce hacia fuentes de aguas vivas, participan en la gloria inefable de Dios, que es vida y amor. Amén.